España remonta a Túnez y ya está en octavos

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo REDACCIÓN

DEPORTES

Dos goles de Torres y uno de Raúl remontan el tanto tunecino en una noche emotiva

19 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

España mantiene la sonrisa. Y eso que un modesto rival a punto estuvo de borrársela en una tarde emotiva que acabó otra vez en euforia y con un sentimiento que se está adueñando de todo el país: por fin tenemos una selección que merece la pena. Se esperaba un triunfo fácil y nos encontramos con una remontada eléctrica y meritoria. Ya no sólo jugamos al fútbol. Ahora, España es capaz de salir de cualquier atolladero. Porque eso sucedió ayer. Se metió en un lío por culpa de una jugada desgraciada, las pasó canutas por su falta de definición, pero cuando peor jugaba supo mantener un hilillo de fútbol en sus botas que la rescató y la clasificó directamente para los octavos de final. España tiene una idea. Y es buena. Sólo hace falta desarrollarla con corrección en todos los frentes: defensa, creación, llegada y gol. Durante toda la primera parte, el plan funcionó en casi todos los eslabones de la cadena. Pero la defensa falló una vez y el rival marcó; y a la selección le faltó veneno en las bandas y en el pase final. Fue una jugada aciaga la que marcó el rumbo del partido. Un rebote en Villa originó una contra tunecina y un triple fallo de Pablo, Puyol y Pernía, que pecaron de blandos ante el delantero rival. La cosa acabó en un doble remate de Mnari, que batió a Casillas a la segunda. No hubo más noticias de Túnez en el ataque. Tampoco las necesitaban y tampoco se preocuparon por generarlas. Pero el equipo de Aragonés no comenzó mal. Movió bien el balón. Xavi ejerció otra vez de gran maestro, a pesar del marcaje especial ordenado por Lemerre. Nadie le quita la pelota y sabe siempre a quién dársela. Con él y la movilidad de los futbolistas españoles, hubo fútbol. La posesión fue un escándalo (70 por ciento para España), las llegadas al área continuas (más de 20), y los lanzamientos a puerta numerosos (10). Pero Sergio Ramos cobró más protagonismo del que pudo rentabilizar. Apareció por la banda con la misma facilidad que dilapidó sus incursiones. Luis García se movía bien, pero no acaba de dar con la fórmula mágica que le conectara con Villa, Torres o la portería. A pesar de todo, el gol parecía cuestión de tiempo, de paciencia, de esperar a que el marcador reflejara de una vez la superioridad del juego hispano. Sin embargo, el tiempo pasó y se llegó al descanso con un inquietante cero a uno. Precipitación La paciencia de la selección en la primera parte comenzó a perderse en el descanso. Aragonés realizó un doble cambio. Mandó a la ducha a Luis García y a Senna y puso en liza a Raúl y a Cesc. Ni quince minutos después, Luis agotó las sustituciones con la entrada de Joaquín por Villa. Al Sabio de Hortaleza le habían entrado las prisas y sus jugadores así lo entendieron. Seguían dominando, mandaban, pero su juego se tornó espeso y precipitado. Iban a menos. Y de repente, todo cambió. Raúl salió de las catacumbas para rematar un gol regalado a partes iguales por el mal despeje de Boumnijel y el chut de esa joven estrella que ya es Cesc Fabregas. El catalán del Arsenal inventó un tiro raso envenenado que a la postre se convirtió en el empate. El fútbol hacía justicia con la ambición de una España que se transformó en un ciclón dirigido por Cesc. El pequeño de las botas blancas agigantó su figura y se comió el solito a los tunecinos. Apenas un par de minutos después del empate, pasó al hueco, Torres metió el turbo y festejó a lo grande su segundo tanto del Mundial. Como fin de fiesta, un penalti claro permitió al Niño convertirse en el máximo realizador del campeonato. Fue, de nuevo, una noche mágica, que advirtió a los españoles de los peligros ocultos que puede deparar un Mundial. España alimenta el sueño de hacer algo grande con un equipo que ahora mismo ya es temido por todos y envidiado. ¿quién no envidia la juventud, la valentía y el buen fútbol?