Francia se empeña en sufrir

La Voz

DEPORTES

Alimenta la sensación de ocaso con otro partido cansino, desprecia las bandas y deja crecerse a la voluntariosa Corea

18 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Seis años, cinco partidos y 368 minutos de juego después, Francia volvió a marcar en un Mundial. Y con su único gol no hizo más que confirmar el crepúsculo de las estrellas que se apagan. Corea, una selección tan voluntariosa como limitada, esperó durante toda la noche un contraataque, hasta que desmitificó a las figuras del rival y vio que tenía licencia para soñar con cualquier resultado. El empate confirma todas las dudas que había planteado el campeón de 1998, que podría ser el rival de España en octavos de final. Casi todo el fútbol de Francia se generó cuando el balón pasó por los pies de Henry al principio y de Ribery al final. El crac del Arsenal tenía que abandonar más de lo conveniente su posición para generar peligro, y después le faltaban referencias en la delantera. Henry creó la primera ocasión de Francia a los seis minutos, cuando Malouda no tuvo el talento suficiente para marcar ante Woon Jae. La jugada representa lo que fue la selección gala durante la mayor parte del partido, un quiero y no puedo. Para ocupar las bandas tiene a una calamidad de jugadores, dos tipos como Wiltord y Malouda, que nunca pisan los extremos, y ni mucho menos ganan la línea de fondo. Prefieren irse al centro que cumplir con su función. Grave error, pues en el medio, con Makelele y Vieira por detrás, y Zidane y Henry por delante, no hacen ninguna falta. Esa manía de los extremos de abandonar su zona embarulló el juego de los bleus. Ya puestos a jugar sin bandas, Raymond Domenech, el entrenador galo, tenía a un tipo más peligroso en el banquillo: Trezeguet. Con todo, Francia no pasaba apuros. A cada rato, caía una ocasión por un detalle de Titi. Así llegó el primer tanto, en un remate defectuoso de Wiltord que Henry convirtió en gol con tanta suficiencia como elegancia: control orientado con la derecha para sentar al portero y remate con la izquierda. El árbitro, el mexicano Benito Archundia, privó a Francia de un gol fantasma que la televisión se encargó de demostrar legal en un córner botado por Zizou, cabeceado por Vieira y despejado desde dentro de la portería por las manos de Woon Jae. Ribery y poco más Corea evitó dejar espacios hasta con el marcador en contra. Siguió arropada, mientras llegaron ocasiones de Sagnol y Malouda como pedrea para el cansino fútbol francés. Así hasta bien entrada la segunda parte, cuando Ribery se convirtió en el único recurso galo para salirse de lo previsible. Hasta que a diez minutos del final empezó otro partido. Al asomar la cabeza por el campo contrario, Corea desmitificó a su rival. Y empezó a asediar a Barthez. Avisó con un cabezazo manso y empató con un doble remate de Jae Jin y Park ante una defensa calamitosa y un Gallas demencial. Con el 1-1, el partido se descosió. Zidane regaló medio gol, que Henry no acertó a completar, y Corea metió por fin el miedo en el cuerpo a un bloque que ya es la sombra de lo que significaba.