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15 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL FÚTBOL tiene un algo que no terminan de reconocerle los apasionados de otros deportes, quienes nunca le conceden el título de ser «el deporte rey». Lo es en Europa, también en América, de México para abajo, y viene interesando vivamente en Asia, al tiempo que África del Sur ya prepara la organización del Mundial 2010. En el fútbol es posible ver a uno de los equipos muerto, metido en la caja. Y cuando alguien se dispone a encender los cirios, salta lo inesperado: el muerto se levanta y camina sobre el césped, marca un gol y resucita al tiempo que sus hinchas saltan y se abrazan en el graderío, locos de alegría al ver que los suyos siguen en pie y que no van a perder, como se lloraba momentos antes por la derrota... Esto es el fútbol. Pero la irreflexión, fruto de la alegría por el 4-0 sobre Ucrania, hace que media España ya empezara a afirmar ayer que «vamos a Berlín», en donde se disputará la final. El fútbol permite transformar el pesimismo en alegría, olvidando que Luis Aragonés y sus jugadores llegaron a Alemania con serias dificultades y tras superar una repesca en la fase previa contra la selección de Eslovaquia.