La naranja exprime a Robben

Rubén Ventureira REDACCIÓN

DEPORTES

GORAN TOMASEVIC

GRUPO C Holanda se encomienda a su talento zurdo para tumbar a Serbia y sumar tres puntos en el «grupo de la muerte»

11 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde Bruno Conti en España 82 no irrumpía en un Mundial un extremo izquierdo tan desequilibrante. Arjen Robben, maestro del arte del zigzag, no es un recién llegado. Entre lesión y lesión, este zurdo de 22 años epata a menudo con actuaciones como la de ayer. Como es un crac con tendencia a que las articulaciones le hagan crac, dicen de él que es un jugador de cristal. Quizá, pero, en todo caso, de cristal Swarovski. Frente a la ya extinta Serbia y Montenegro, Robben se fue la mayoría de las veces que encaró (más de una decena), hizo el gol del triunfo y hasta tuvo tiempo para pedir más ánimos a la afición holandesa, que tiñó la grada de naranja pero apenas rugió. Normal: sólo el portentoso extremo del Chelsea le dio motivos. Sus compañeros lo buscaron hasta el abuso: Holanda jugó siempre escorada hacia la izquierda porque la Naranja Mecánica exprimió a Robben. Holanda salió a ganar. Su rival, a velas vir . A la contra, Serbia y Montenegro dio un par de sustillos antes de que, en una acción eléctrica, el balón saliese jugado del lateral derecho, Van Persie lo tocase con finura y precisión, como quien ejecuta un putt , y lo dejase franco para Robben, quien tomó el cuero en carrera y lo aparcó en la red. Tras el gol, Holanda optó por el retranqueo. Se supone que no lo hizo por orden de su osado técnico, que de hecho mantuvo la apuesta por el trío de delanteros todo el partido. Es cierto que hacía calor, y que la sobredosis de rayos UVA agota, pero ningún profesional puede alegar cansancio a los 18 minutos de partido. Lo que le ocurrió a Holanda fue que sus jugadores sacaron la calculadora. Conscientes de que hacer un gol a Serbia es una gesta (en toda la clasificación sólo encajó uno, precisamente de España), se dedicaron a conservar el botín, tarea a la que están acostumbrados: los holandeses suman diez partidos oficiales sin recibir un tanto. Guiada por Koroman, incomprensible suplente, la escuadra balcánica persiguió el empate durante el último cuarto de hora de la primera mitad y toda la segunda parte. Asustó, pero más peligro hubo en la otra área, por donde aguijoneaba el extremo holandés. Robben al margen, los tulipanes sembraron en el verde dudas sobre su futuro. Van der Sar conserva las manos de mantequilla que lució en Balaídos en aquel Celta-Juve. El dúo de centrales se descentra con facilidad. En el mediocampo nadie aporta más calidad y fiabilidad que Seedorf y Davids, pareja que sigue el Mundial por la tele. Y que Van Nistelrooy está atravesando un momento Tristán lo admite hasta Van Basten. El fútbol está en deuda con Holanda: tiene el mismo palmarés que España (una Eurocopa) y ni Aragonés discutiría que la Naranja Mecánica ha aportado mucho más al balompié universal que la furia . Quizá Robben sea el cobrador de la deuda histórica, pero eso no se sabrá hasta el 9 de julio. Lo que sí sabemos desde ayer es que sus compañeros son unos morosos: le deben una victoria.