Los 193 centímetros de estatura del joven delantero navarro no le impiden inventar jugadas a lo Onésimo que mantienen con vida al Athletic, rival de mañana del conjunto de Caparrós
05 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando un chaval de veintiún años recién cumplidos mide 1,93 y se dedica al fútbol, la gente se queda mirando. Si además, le da por ser delantero en lugar de guardameta o defensa central, más. Pero si es que encima se le ocurre, en su segunda temporada en Primera División, ponerse a pisar el balón como Onésimo y levanta él solito un partido en el que su equipo, el Athletic Club agonizaba, ya es el colmo. Pero los chicarrones del norte son así. Y Fernando Llorente (Pamplona, 1985), lo es. Este atacante con pinta de armario empotrado es la perla de la cantera bilbaína, que parecía haberse secado en los últimos años. En realidad, a Llorente lo conocen en San Mamés desde el año pasado. El que se pensaba que iba a ser el futuro Urzaiz se estrenó con Valverde, jugó quince partidos y anotó tres goles. Esta temporada, recibió una cura de humildad, Mendilibar y Clemente le pusieron las pilas y Aritz Aduriz se le cruzó en la titularidad. Estuvo en la nevera un tiempo, alrededor de ocho jornadas, pero lejos de achicarse, el navarro criado en Soto del Real (Rioja) sacó pecho. Ya lleva diecinueve encuentros y dos goles. Pero la última jugada, con doble regate pisando la línea de fondo y la pelota ante el Zaragoza, fue de traca. Gracias a él, Yeste marcó y lloró, y el Athletic Club respiró profundo. Ibrahimovic Futbolísticamente, cuando se habla de Fernando Llorente, parece que se está describiendo a Ibrahimovic. Es un delantero centro desgarbado, corpulento, alto, fuerte y que fijas las marcas de la defensa (como el atacante que había pedido Joaquín Caparrós para el Deportivo al inicio de temporada), juega de espaldas y abre bien a las bandas. Hasta ahí, todo normal, dentro de los cánones del panzer alemán de toda la vida. Sin embargo, desde que José María Amorrortu (cuando era director de Lezama) se fijó en él a la edad de once años, la gente del fútbol le aprecia otras cualidades. El hombre que después entrenó a la Real Sociedad lo sacó de su pueblo porque hacía «cosas que no eran normales para un chico de su edad». Luis Aragonés, que será el seleccionador español en el próximo Mundial, afirma con su peculiar estilo contundente que el chaval «se mueve muy bien sin balón». El caso es que, aunque riojano de adopción, Llorente era navarro de nacimiento, lo que le abría las puertas del Athletic de Bilbao. Estudiante de solfeo, con dos hermanos, abandonó el domicilio de su familia campesina para alojarse en la casa de unos amigos de la esposa de Amorrortu, en Las Arenas. El fallecimiento por enfermedad de la mujer que le cuidaba le envió a la residencia rojiblanca, en Derio. Le costó adaptarse, pero futbolísticamente creció tanto como físicamente. Jugó la Nike Cup, ganó la Meridian Cup (sub 17) y el Mundial sub 20 en Egipto, del que fue el máximo goleador. Pasó por el Baskonia, el Athletic B y debutó en el primer equipo la pasada temporada ante el Espanyol, de titular, jugó la Copa y la UEFA. Esta campaña, probó la suplencia, se quejó y salió adelante. Se convirtió en el referente de futuro junto a Iraola y peleó por su contrato cual Iago e Iván Carril. de hecho, le costó completar los cuarenta partidos que le proporcionaban un suculento contrato con una cláusula de rescisión de veinte millones de euros.