Entró en el minuto 69, anotó un gol y puso otro en bandeja a Tristán
03 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El Deportivo no ganaba un partido de Liga en el estadio Olímpico de Montjuich desde la temporada 2000-2001. Y después de ver el inicio del encuentro de ayer, tenía toda la pinta de que no iba a ser esta la oportunidad en la que rompiese su racha ante el Espanyol. De hecho, no la tenía ni a falta de cinco minutos para el final, pero una vez más sacó petróleo de un saque de esquina. El Espanyol no pudo hacerle la segunda faena de la temporada y el partido se saldó con un 1-2 y una tarde de gloria para Iván Carril, que anotó el primero (golazo) y le brindó el segundo a un Tristán que penaba sobre el césped. La cita no defraudó a los ausentes, que pudieron comprobar gracias al televisor la mediocridad del fútbol español una vez que uno aparta la mirada de la cabeza de la clasificación. Es increíble que el Espanyol se lleve un título esta temporada, pero no lo es menos que el Deportivo soñase con la Champions en algún momento del año. Arrancó el encuentro con un Dépor demasiado tímido y un Espanyol que intentaba dominar sin saber hacerlo. Al menos, como se dice eufemísticamente, llevaba la iniciativa, pero sin frutos. Dos saques de esquina en tres minutos y un fuera de juego fueron su tarjeta de visita. Con el paso de los minutos, el giro lingüístico se hizo presente y, en efecto, el equipo local controlaba el tempo del partido hasta el punto de que el Deportivo necesitó diez minutos para inquietar (es un decir) a Iraizoz. Por supuesto, lo logró con la ejecución de una jugada a balón parado, por medio de Capdevila. El fútbol siguió su curso y fue Pandiani el que tuvo en sus botas el primer gol del partido, a los quince minutos, pero marró delante de Molina. Rubén se tomó una especie de revancha que terminó en saque de esquina. Pasada la media hora, el partido invitaba a la reflexión. El Deportivo había llegado a Barcelona mermado por las bajas, especialmente en defensa. Sin embargo, la zaga no pasó apuros ante un Espanyol insistente y las verdaderas carencias del equipo coruñés residieron, de nuevo, en la creación y finalización de las jugadas de ataque. Y cuando un equipo no tiene pegada genera confianza en el rival y lo acaba pagando. Luis García fue el cobrador del frac en esta deuda deportivista y marcó al filo del descanso. Caparrós reaccionó, como muchas veces, en el receso y sacó a Rubén para meter a Tristán. También entró Gallardo. El resultado fue igual de nulo que en la primera parte, aunque al menos, el Dépor tuvo más el balón, algo que no servía de consuelo. Porque en el fútbol lo que importa es el gol. Y esta vez llevó la marca de la casa.Carril, en veinte minutos, se inventó el empate y fabricó la victoria. Ya nadie puede dudar de su profesionalidad, con ficha o sin ella.