Las últimas derrotas ante el Celta y el Lyon abren dudas sobre los métodos del entrenador brasileño, que dispone de una plantilla a su imagen y semejanza
14 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El Madrid hace aguas. Después del fracaso de Camacho en el banquillo blanco, también Vanderlei Luxemburgo se encamina hacia la puerta de salida. La derrota en el Bernabéu ante el Celta y la goleada encajada en Lyon vuelven a situar, justo un año después de su antecesor, el duelo del domingo en Montjuich ante el Espanyol como decisivo para la continuidad del técnico brasileño. Pero las circunstancias son diferentes. Fichajes y traspasos. Las incorporaciones blancas en este verano respondieron a los gustos del Luxemburgo. Así, el Madrid se reforzó hasta completar una de las mayores inversiones de Europa, cercana a los 100 millones de euros. Sergio Ramos, Baptista, Robinho... El entrenador cambió la columna vertebral del equipo (central-mediocentro-delantero) y dio la patada a sus extremos: Figo y Solari. La gira, la película, el pinganillo y la supuesta persecución arbitral. Todo sirve como excusa. Sus dirigentes presumen de que las visitas estivales al Lejano Oriente y los artículos de promoción reportan a las arcas merengues sustanciosos dividendos. Están por ver los beneficios deportivos. En estos amistosos nunca se analizan el mal juego y las derrotas: el primero se disfraza de novedad tecnológica (el auricular en la oreja de Raúl durante el nefasto trofeo Bernabéu) y las segundas, como planes hilvanados desde la Federación. La endeblez defensiva. Ni siquiera la llegada refuerzos a la retaguardia soluciona la plaga que asuela al Madrid campaña tras campaña. En este decepcionante inicio, cuatro de los siete goles encajados por Casillas corresponden a balones aéreos urdidos en jugadas de estrategia del rival. Como sucedía en la última época de Hierro, la zaga sólo se siente cómoda si defiende desde el borde de su propia área. Sin bandas, el juego se atasca en el centro. Lo que Luxemburgo llama cubo mágico (el sistema que coloca a Baptista, Zidane, Robinho, Ronaldo y Raúl en el campo según un dibujo similar a esta figura geométrica) se ha convertido en un fenomenal embudo. Una táctica que Maturana ya había ensayado en España. Lo cierto es que hasta cinco de los mejores delanteros del mundo se ven obligados a atacar por el centro y dejar las bandas a los carrileros. Míchel Salgado, que cumplirá 30 años el próximo mes, y Roberto Carlos (32) deben redoblar sus esfuerzos en ataque y en defensa. Falta un mediocentro creativo. Los fichajes de los destructores Gravesen (en diciembre del 2004) y Pablo García, unidos a la lesión de Zidane, revelan la falta de un director de juego capaz de surtir de buenos balones a los delanteros. Beckham se destaca como un especialista en el golpeo largo de la pelota y sólo Guti, un jugador intermitente, dispone del perfil adecuado. Ronaldo-dependencia. Ni los mágicos regates de Robinho son capaces de ocultar este mal. Con Raúl sumido en la mediocridad absoluta, el Madrid necesita del acierto de Ronaldo para marcar. Cuando falta el veloz delantero, todavía lejos de su mejor estado de forma, los merengues no cantan gol ni a tiros.