El triste adiós de Collina

GASPAR ROSETY

DEPORTES

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04 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

TRAS la incompatibilidad del compromiso publicitario de Collina con la firma Opel, patrocinador también del Milán, se esconden otras situaciones dignas de ser estudiadas. La Federación Italiana de Fútbol había dado un paso excepcional al autorizar al colegiado el arbitrar una temporada más después de cumplir el límite de edad, postura que merece elogio, porque no todos los países pueden tener en sus filas al mejor árbitro del mundo. Dicho esto, el divino calvo no procedió conforme al cariño y al respeto que la federación le proporcionó con el año extra que le concedía y que la FIFA debería atajar en diciembre. Pierluigi Collina suscribió contrato con la Opel y estoy seguro de que nadie dudaría de su actuación profesional en partidos en los que estuviera el Milán o en aquellos en los que tuviera intereses. De hecho, Collina fue también imagen de Adidas, incluso rodó anuncios con futbolistas del Real Madrid, caso de Raúl, y luego pitó en la Liga de Campeones un Real Madrid-Barcelona, obviándose por parte de UEFA que la firma Adidas patrocinaba al Real Madrid y el Barcelona vestía las prendas de su más directo rival, Nike. Nadie se rasgó entonces las vestiduras. La cuestión de fondo reside, a mi juicio, en que siendo bendecido por el fútbol de su país para pitar un año más, Collina debió ser agradecido y renunciar entonces al contrato de Opel, es decir, retirarse por la puerta grande. Sin embargo, y es respetable, prefirió el millón de euros. ¿Quiere ello decir que los últimos años pitó por dinero y no por vocación arbitral? Sin duda. Nos deja la sensación de un final triste para un hombre de calidades incuestionables, en el que el personaje rebasó de largo a la persona. Sólo cuando te detienes por un instante y miras hacia atrás te das cuenta de lo que has perdido por andar demasiado deprisa. Y suele suceder que vas dejando por el camino cuestiones y personas muy importantes, que hubiera merecido la pena tomar otras decisiones. A Pierluigi Collina le ha llegado el momento de parar y, quizá, ahora se dé cuenta.