Un día en los boxes

José Manuel Orriols ENVIADO ESPECIAL | JEREZ

DEPORTES

Un periodista de La Voz de Galicia se adentra en el corazón del equipo Bar-Honda para asistir en primera persona a una jornada de entrenamientos con los mecánicos

20 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Circuito de Jerez, siete de la mañana. Los auxiliares del equipo Bar-Honda abren los siete grandes camiones de más de 10 metros de largo que albergan toda la vida del equipo. Se despliegan las carpas y comienza a armarse el restaurante, en donde el café es protagonista. A las siete y media llegan los pilotos probadores: Davidson y Bernoldi. Los ingenieros ya encendieron los ordenadores, los mecánicos están en sus puestos y el director de equipo tiene las primera charla con el equipo. Media hora más tarde ya los mecánicos montaron, debidamente aisladas del ambiente en fundas herméticas, las cubiertas y minutos después rugen ya aquellos motores de 900 caballos. Llovió de madrugada y la pista está húmeda, por lo que se retrasa la entrada en pista esperando los primeros rayos de sol. La cubierta del monoplaza está sin colocar y el piloto se acomoda en su puesto. Se incorpora la carrocería y comienzan las primeras vueltas de reconocimiento. El primero en salir es Bernoldi. En la cuarta vuelta marca ya un excelente crono, pese a que la pista no está completamente seca. Los cronometradores y técnicos se sitúan en lugares estratégicos del circuito para apuntar, a la milésima de segundo los tiempos, además de controlar el comportamiento del monoplaza en cada curva. En el interior de los boxes comienza una actividad frenética. Se controlan informáticamente cada una de las situaciones, se hacen los cálculos correspondientes, se corrigen las anomalías y se pasan a un parte que luego estudiará todo el equipo. Más comprobaciones Es Davidson el que, cuando Bernoldi vuelve a boxes, sale a la pista y se repiten paso a paso, todas y cada una de las comprobaciones de las primeras vueltas. Contando los dos días van recorridos 1.150 kilómetros y el motor tiene problemas. El piloto entra en boxes y los ingenieros, la mayor parte japoneses, analizan con minuciosidad las causas de esta parada, contrastando los datos informáticos con las informaciones del piloto sobre el comportamiento del vehículo. A las doce y media un alto para el almuerzo. Los cocineros, que se trasladan con el equipo para los entrenamientos, son siempre los mismos de los grandes premios y los menús están estudiados meticulosamente para poder seguir el trabajo por la tarde. Ensaladas, verduras, pasta y pescado son la base de cada comida Para los pilotos, solamente sandwichs, agua, bebida isotónica y café. Allí podemos hablar con los probadores: «Los neumáticos nuevos nos exigen un gran esfuerzo físico y condiciona enormemente la forma de pilotar», explica Davidson. Y por la tarde, hasta las seis, más vueltas, más reglajes, comprobaciones, nervios y alguna que otra bronca, cuándo pasa algo que puede poner en peligro el resultado de las pruebas. Es el círculo de la fórmula uno que mañana partirá hacia otro lugar del mundo.