Consumó a la vez su boda con Daniela y el divorcio con el Real Madrid, lo que parece haberle afectado más, porque no se cansa de pregonar su estado de «tristeza».
23 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Titular en veintidós de los veintitres partidos de Liga que ha disputado. Once goles en esta competición y uno en la Liga de Campeones, en la que ha jugado todos los partidos. Se ha casado el día de los enamorados en un castillo francés y su salario supera los seis millones de euros al año. Lo ha ganado todo, es uno de los ídolos más firmes del fútbol mundial, y todavía le queda media vida deportiva. Pero el brasileño Ronaldo Luiz Nazario de Lima (Rio de Janeiro, 1976) no es feliz. Se le notó ante la Juve, dicen. No es de extrañar, desde hace unas semanas su vida es un infierno absoluto. Lleva cuatro partidos sin marcar, su ficticio enlace fue un germen de polémica y encima se ha lesionado. Para colmo, su entrenador le ha aplicado un castigo y fue suplente ante el Athletic Club, partido que su equipo perdió. El club ha secundado al técnico y la impuesto una multa. La afición también se dio por aludida y ha silbado a Ronaldo ante la Juve. Pero las cosas no son tan simples. Entre el blanco simbólico del club madridista y el oscuro de la piel del goleador, existe toda la variedad de grises que acoge la tormenta que se ha desatado en la casa futbolística de Florentino, Sacchi mediante. El problema no es nuevo en el mundo del fútbol, pero se puede resumir de la siguiente forma. Los excesos privados de los futbolistas permanecen al margen de la crítica (directivas, entrenadores, aficionados) única y exclusivamente cuando el rendimiento en el campo no se ve afectado. Y Ronaldo ha confesado la obviedad: «Me encuentro bajo de forma». Pulso con la directiva El brasileño lleva un mes sin marcar un gol, el mismo tiempo que dura su pulso con la disciplina del Real Madrid. Sin razón aparente. Pero lo cierto es que si uno se fija un poco, observa que la boda de Ronaldo llegó semanas después de que el ariete se quejase («En este equipo no hay intocables, pero siempre me cambian a mí») y de que Owen le secundase amenazando con abandonar el club si no jugaba más. A Vanderlei Luxemburgo, adalid de la disciplina, le molestó la situación y le dio un primer aviso al delantero, pero lo alineó ante el Osasuna. Al día siguiente, la fatídica boda, que precipitó los acontecimientos. La plantilla se comprometió a no faltar al entrenamiento posterior y sólo Ronaldo adujo problemas de enlace aéreo para ausentarse. Todo empeoró cuando Ronaldo también llegó tarde al día siguiente y con una inesperada artritis en un dedo de un pie. Se recuperó para la cita ante el Athletic Club, pero Vanderlei se lo cobró. Suplente ante los bilbaínos y derrota. La racha del técnico se truncaba en pleno tira y afloja. Tras este episodio, el Fenómeno se toma la justicia por su mano y días después llega deliberadamente tarde a la presentación de una biografía autorizada de Florentino. El presidente reacciona y filtra a la prensa la multa que le impondrá el club al jugador, lo que molesta sobremanera al brasileño, que así lo expresa en una conferencia de prensa. Entretanto, entran en escena, de un lado Luxemburgo: «no he venido a Madrid a depender de Ronaldo», Sacchi: «Le necesitamos un poquito más delgado» y Figo: «Lo mejor sería que no le multasen».