El retiro de un atleta

Xosé Ramón Castro
X. R. Castro REDACCIÓN

DEPORTES

Carlos Adán aprovechó su último año como deportista profesional para buscar un futuro laboral. De lo más alto del podio ha pasado a policía del puerto de Vigo

25 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Carlos Adán ya es historia para el atletismo profesional. Cumpliendo su palabra, decidió retirarse a la conclusión de la temporada pasada. Cambió la indumentaria deportiva por el traje de policía portuario en Vigo. En su ciudad se designará el domingo sucesor en el palmarés del campeonato gallego. Ganó su cuarto título absoluto el año pasado en Santiago imponiéndose al esprint. Carlos Adán Arias (Vigo, 1967) planificó a conciencia su adiós del mundo del atletismo. Después de haberse dedicado profesionalmente durante más de una década, decidió aprovechar su último año para buscar trabajo. Desde el mismo momento que se sintió mayor para rendir a gran nivel. «Sabía que me podían quedar como mucho dos o tres años y decidí ser precavido. Quería buscar con antelación cualquier cosa, porque al practicar un deporte tan exigente como el atletismo tenía claro que me podía adaptar a todo». Por su deporte, y de un modo fortuito, llegó la salida laboral. Un día entrenando en Castrelos con un trabajador del puerto, Alfonso Moro, le comentó que había unas oposiciones a policía en el puerto. Antes ya se había presentado a otras en el consistorio olívico sin suerte. La tuvo en su segunda intentona y desde octubre trabaja en el puerto. Para nada ha sido un trauma su insercción laboral. «Apenas he notado el cambio. Yo no practicaba precisamente un deporte para señoritos. Durante muchos años me levantaba a las ocho de la mañana para pasarme el día entrenando (llegó a acumular semanas de 150 kilómetros). Ahora lo hago a las cinco y cuarto para estar en el puerto a las seis, pero a mí no me importa madrugar». Incluso manifiesta que se lo pasa bien con su curro actual. «Para nada es monótono», comenta mientras explica que por ejemplo esta mañana vigiló a los pasajeros de un trasatlántico, que otras veces le corresponde estar en la sala de cámaras controlando la entrada en el puerto y que en su próximo turno se irá hasta el muelle de Bouzas. «Es que este sitio es inmenso». Precisa que ahora tiene más seguridad económica. Antes dependía de los premios y de las becas «aunque como profesional nunca he tenido ningún problema para alimentar a mi familia». Al margen de las ocho horas diarias de trabajo, a Carlos Adán le queda tiempo para todo. Para hacer de padre de sus dos hijos, para entrenarse -«tres días a la semanas corró entre 14 y 15 kilómetros en Castrelos»- e incluso para ejercer de monitor en Ribeira. Fue en la localidad coruñesa en donde comenzó a buscar salidas en el mundo laboral. El que fuera campeón de España de cross (Zarauz, 1994) dirige la escuela local «con niños de 7 a 12 años que se están iniciando en el mundo del atletismo». No es su única función como técnico. También se ha tomado como hobby no remunerado el dirigir a varios amigos que entrenan con él en Castrelos. «La verdad es que están sacando buenos resultados y por el momento no me han despedido», bromea. Adán transmite en el momento de su adiós la satisfacción por haber conseguido todos sus objetivos en el mundo del atletismo profesional. «Llegué a donde podía». Después de una participación olímpica (en el 10.000 de Barcelona 92), de ganar el nacional de cross y 10.000 y contar con cuatro diplomas continentales. Por aquí encuentra un pero: «Hablar de un mundial serían palabras mayores, pero pienso que pude conseguir alguna medalla a nivel europeo». Punto y final Pero su época profesional ya pasó. Ha cedido el testigo a Alejandro Fernández y Pedro Nimo -que le encantó en Amorebieta- y desea con todo el alma que Alejandro Gómez pueda estar en el mundial a sus 38 años. Ahora, y pese a estar todavía en buen nivel de forma, sólo piensa en dos cosas. En volver a sus orígenes en el mundo del atletismo «corriendo las populares para las que me estoy preparando» y en continuar en su puesto de trabajo. «Estoy a gusto, por mí me jubilaría aquí». Únicamente aprovechó su despedida para animar a sus compañeros de generación a seguir sus pasos a la hora de retirarse. «Pienso que lo mejor es buscarse la vida con antelación. La edad pasa factura y hay que estar preparado». Carlos Adán lo estaba.