Marigol tiene sucesora

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN

DEPORTES

CÉSAR QUIÁN

La FIFA frenó a la mexicana, pero Barca Toba jugó 25 minutos del partido juvenil masculino Muxía-Esteirana. «Íamos perdendo cero a cinco e só toquei un par de balóns. Pouca cousa, pero, por min, con tal de repetir... Esto gústame e apetecíame». Barca Toba Suárez (Muxía, 1985) todavía destila alegría por su estreno en el equipo juvenil de su localidad natal el pasado sábado ante el Esteirana. A pesar de la chosca (siete a cero para los muradanos), el fútbol es otro mundo. Aunque sea de chicos. Porque Barca dio el pasado sábado un paso adelante en su trayectoria deportiva y, de paso, firmó un hecho insólito en el balompié gallego. Una mujer regateando sobre un campo con veintiún hombres en liza. Menos de un mes después de que la FIFA prohibiese a la internacional mexicana Maribel Domínguez jugar con el Atlético Celaya masculino, Barca Toba sí superó un reto similar, aunque a otro nivel. Su contrastada calidad confirmada cada semana en el fúbol sala (es el ala izquierda del Viajes Amarelle, de autonómica gallega), su experiencia en amistosos de pretemporada y torneos de verano y, sobre todo, las numerosas bajas que sufría el Muxía de Juan Cortés Papi le lanzaron hacia su debut en el fútbol masculino. Aunque el estreno de la delantera de Muxía se gestó en el entrenamiento del viernes, Barca afirma que fue al campo «sin intención de xogar». Pero Papi ya sabía que iba a salir (lo hizo sustituyendo a David, a falta de veinticinco minutos), y así lo había consensuado con el árbitro y el técnico rival, que dieron su visto bueno. En el otro plato de la balanza, la reacción del entrenador del Viajes Amarelle y las posibles sanciones federativas. Las bajas serán la dramática coartada del colista juvenil. Pocas bromas El debut de Barca Toba tiró abajo los prejuicios sobre el fútbol mixto. Las miradas se dirigieron a la banda cuando Pepín ordenó calentar a la atacante. «Era como pensando, ¡é unha muller!», recuerda la de Muxía. Pero después, sobre el césped, nada de nada. «Eu saín con vergoña, porque nunca xogara con homes que non coñecía e pensaba que me ían vacilar, pero non foi así. Mellor», matiza la futbolista que, tras el pitido final, esperó pacientemente la marcha del árbitro para poder ocupar su vestuario. Ahora, la delantera intentará simultanear la práctica del fútbol en el césped y en el parqué. «Gustaríame ter os fins de semana cargados», resume, aunque es consciente de que su futuro en el balompié es limitado. La escasez de equipos femeninos en A Coruña será, tarde o temprano, la puntilla a su progresión. En el fúbol sala, las opciones aumentan. Hay más salidas, pero sin atractivo. «¿Entrenar? Home, se hai que ir, vaise», asume esta madridista «hasta a morte» que idolatra a Zidane como antes hizo con Buyo, Zamorano, Míchel y Butragueño. En ellos se fija para estar a la altura. «Hai moito nivel no fútbol masculino», dice. Por lo pronto, mantenerse en forma es la excusa para su aventura en el Muxía. Pero las oportunidades serán contadas. Quedan pocas jornadas y casi todos los partidos coinciden con los del Viajes Amarelle. Barca siguió los pasos de su padre Francisco (ex futbolista del Córdoba) y de su hermano mayor Fran (jugador del Muxía, previo paso por el Ciudad Jardín y el Cee). Militó ocho años en el Muxía de la Liga da Costa de fútbol sala. A los quince, pasó a autonómica con el Sal Lence y lleva dos en el Viajes Amarelle. En toda esta trayectoria, una simple rotura de fibras. Pero los orígenes del sueño son inciertos. De pronto, Barca se encontraba dando patadas al balón. «Non sei como comezou esta historia... Simplemente, saiu».