Juan Zunzunegui en el doble scull y Carlos Loriente y Jesús González en el cuatro sin timonel, centran su objetivo en superar las semifinales para poder luchar por una medalla
29 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El remo español quiere asomar la cabeza en Atenas. Meter a dos de sus cuatro barcos en la final A sería un buen comienzo. Bien pudiera ser el cuatro sin timonel liguero con los gallegos Juan González y Carlos Loriente, y el doble scull ligero, con Juan Zunzunegui a la cabeza. Por trabajo no queda. Llevan meses buscando la puesta a punto. Castrelo de Miño se ha convertido en su penúltimo banco de pruebas. En el embalse de O Ribeiro han realizado el último trabajo de fuerza. También han aprovechado para probar un artilugio contra las olas que les esperan en Grecia. El barco que menos se inunde será que el tenga más posibilidades de ganar. No existe margen para el descanso. A las ocho y media de la mañana de un día cualquiera los remeros ya están en Castrelo. Cuatro series de 3.000 metros (según el plan) para empezar. Por la tarde, segunda sesión, aunque ya más técnica y con más viento. «El esfuerzo y el trabajo lo son todo en el deporte. Es el único secreto para mejorar», comenta Giovanni Postiglione, un italiano que se ha hecho cargo de la selección. El máximo responsable técnico habla de un espíritu olímpico en el equipo, y sus remeros parecen estar en sintonía. Al menos los gallegos. «Llevamos una semana de carga muy fuerte. Ahora estamos muy cansados pero seguro que llegamos bien a Atenas». Lo dice Juan Zunzunegui, el único con experiencia olímpica. Fue suplente en Atlanta y probó fortuna en Sídney. Juan González y Carlos Loriente son primerizos. Se nota. «Esto es muy duro, pero estamos muy motivados» apunta Juan, mientras Carlos recuerda que están al final de un camino que se reduce a seis minutos de regata. Consideran que ha llegado el momento de dar un salto de calidad. El cuatro sin timonel representa el mejor ejemplo de la progresión que el remo ha experimentado en España. En el 2002, la embarcación finalizó en novena posición en la final C del mundial de Sevilla. En la primavera pasada fue sexta en la Copa del Mundo de Lucerna (Suiza). «Llegué a España convencido de la progresión del remo. Mi meta desde el primer día era hacer un equipo que perdurase en el tiempo y que pudiese luchar por una medalla. Creo que lo estamos consiguiendo», apunta un prudente Postiglione, que todavía ve las preseas un poco lejanas. No lo tienen tan claro los gallegos. «Lo importante es meterse en la final, después todo puede pasar», apunta el lucense Carlos Loriente, mientras su compañero de embarcación Jesús González tan sólo considera superiores a italianos y daneses. El resto está al nivel de España. Zunzunegui quiere centrarse en exclusiva en el primer objetivo. «El resultado de la final es impredecible, por eso lo importante es estar en ella». Además, en Grecia las condiciones climotológicas jugarán un papel fundamental. Las olas que se forman en el campo de regatas pueden resultar fundamentales. «Va a ganar el barco que menos se inunde», pronostica Jesús González. Sus técnicos ya trabajan en un sistema que dificulta el acceso del agua a la bañera. Hay quien anuncia que puede convertirse en un arma secreta. De momento, en Castrelo y con oleaje ha dado buenos resultados. Pero a estas alturas, hay algo más importante para los remeros: no sufrir ningún contratiempo físico. Los tres han tenido problemillas en la última época, pero ahora entrenan con total normalidad y viven con cierta psicosis. «Tengo miedo hasta cuando me ducho», apunta Jesús González mientras Zunzunegui recuerda el motivo. «Es que te juegas el trabajo de cuatro años en una prueba». Le preocupa mucho más esto que la batalla contra el dopaje que se avecina. Saben que en Atenas los controles serán más rígidos que nunca. Tampoco es nuevo. Todos han recibido más de una visita de los vampiros en la concentración. Giovanni Postiglione es rotundo: se retirará el día que algún miembro de su equipo aparezca en una lista de positivos.