Traspaso de poderes

Xosé Ramón Castro
Xosé Ramón Castro REDACCIÓN

DEPORTES

En apenas ocho días ha destrozado las míticas plusmarcas mundiales de su compatriota Haile Gebrselassie

09 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

No es ninguna sorpresa. El atletismo le estaba esperando desde que en el 2001 saltó al ruedo con la indomable fuerza de un león. Kenenisa Bekele (Bekoji, Etiopía, 1982) se ha cargado a su leyenda y a su maestro Haile Gebreselassie en ocho días, el tiempo que ha invertido en pulverizar dos marcas tan míticas en el mundo del fondo como el 5.000 y el 10.000, al tiempo que anunciaba que hay reinado para rato. Con 22 años a punto de cumplir -pasado mañana- que se abstengan de buscarle sucesores. Su carrera no tiene límites. Kenenisa nació para correr. Su historia está repleta de múltiples parecidos con Gebrselassie. Bekele corría diez kilómetros diarios para ir a la escuela, corría otros seis varias veces cada jornada para ir por agua para casa, corría para todo. Igual que Haile, nació en la provincia etíope de Arsi, al sur de Addis Abeba y allí aprovechó la naturaleza para correr sin mirar tiempos ni distancias. Lo hacía por placer, sin saber que pocos años después iba a reinar en el fondo mundial. Pero aunque la historia de Bekele y Gebrse vayan tan de la mano y los dos compartan más de un entrenamiento en su país, fue otra paisana la que provocó el explosión de Kenenisa: Derartu Tulu, quien ganó el oro en Barcelona y dejó grabada en el nuevo rey su entrada en la línea de meta. «Es mi héroe, tengo grabada la imagen de su victoria en Barcelona», ha comentado en mil y una oportunidades. Ese día del verano de 1992 decidió correr por algo más. Probó fortuna en el fondo mundial. Y lo hizo desafiando a su fisiología. Fibroso y con apenas 160 centímetros de estatura, cualquier entrenador al uso lo hubiese colocado como cuatrocentista. Pero, de nuevo, imperó la tradición. Etíope y fondo ya son sinónimos desde mucho tiempo atrás. No tardó en demostrar que no se había equivocado. Aún en edad júnior consiguió su primera doble corona en el mundial de cross. Aquel día, en donde el mundo conoció a un campeón tanto en el cross largo como en el corto corrió descalzo para dar todavía mayores dosis de épica al triunfo. A nadie podía extrañarle. Así había corrido durante toda la vida en su provincia de Arsi. Sucedió en el 2002, y volvió en las dos ediciones siguientes para repetir éxito. Doblete en el 2003 y doblete en el 2004. Como consecuencia, sus paisanos John Hgugi y Paul Tergat se quedaron sin su quíntuple corona. Un poco antes de la gesta ya había dejado claro sobre la pista de París, en el Mundial de agosto, que se avecinaba un nuevo orden mundial. Mató a Gebrselassie con 200 metros finales infernales en la final del 10.000 y se colgó el bronce en el 5.000. Pero la gran traca estaba por llegar. En ocho días fue capaz de repetir la hazaña que la historia tenía reservada hasta el momento para el gran Emil Zatopek, que en 1954 había pulverizado idénticos registros en el mismo margen, y para su maestro Haile Gebrselassie, quien en 1998 aprovechó sendas visitas a Hengelo y Helsinki para establecer los dos récords mundiales que ahora su pupilo le acaba de arrebatar. En ambos descontando dos segundos. Y eso, que en Ostrava le fallaron las liebres. Apenas pudo hacer los primeros tres kilómetros a remolque, y en ese tiempo llegó a perder seis segundos con respecto al tiempo de Haile el dia del récord. Peros su últimos seis mil fueron infernales. Fuerza, precisión y confianza le llevaron volando a la meta para marcar los estratosféricos 26 min 20 s 31 cent. Gloria al nuevo rey.