Cunego contra el tedio

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN

DEPORTES

DAMIEN MEYER

30 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El joven ciclista del Saeco logró el triunfo en una carrera marcada por la ausencia de grandes figuras, el dominio de Petacchi al esprint y un escaso seguimiento fuera de Italia. Con un Giro devaluado y un ciclismo triste por la muerte de Marco Pantani y enturbiado por una operación antidopaje a gran escala, Italia recibe a Damiano Cunego no como un soplo de aire fresco, sino como una necesaria bocanada de oxígeno. El joven ciclista se ha quedado una maglia que ha perdido mucho color en los últimos años. El rosa ya no levanta pasiones como antes. Y en España, menos que nunca. Incluso cuando el pelotón no había comenzado a rodar, las teorías apuntaban a que la ausencia de estrellas extranjeras dejaba la clasificación general a disposición de las figuras italianas. Efectivamente, fue una batalla localista. Y la emoción del esprint quedó definitivamente anulada por el abrumador dominio de Alessandro Petacchi, que compitió para medir su propia ambición de triunfos y finalmente se impuso en un total de nueve etapas. Cunego fue el único que se atrevió a romper los pronósticos, que consiguió que la ronda no siguiera todos los pasos previstos. Su progresión a medida que avanzaba la carrera instauró una inesperada bicefalia en el Saeco, equipo que contaba en sus filas con uno de los principales favoritos al triunfo final: Gilberto Simoni. El veronés se hizo con el liderato en la primera etapa de los Dolomitas. Y no sólo conservó hasta la última jornada un puesto que todos estimaban que era efímero, sino que ganó además cuatro etapas y respetó hasta el extremo a su jefe de filas. De haber obviado a Simoni, tercero por detrás de Honchar y de su gregario, hubiera sumado más victorias, según reconoció el propio Cunego. Buen estratega, solvente en la montaña y la media montaña, quizás tendrá que limar segundos en la lucha contra el crono si quiere consolidarse entre los grandes de las grandes vueltas. Dispone de tiempo, ya que sólo tiene 22 años. La comparación con el español Alejandro Valverde es fácil, muy evidente. Ganadores precoces, corredores sin complejos ante los consagrados, los dos parecen llamados a liderar el relevo generacional cuando la generación de Lance Armstrong y compañía entren en declive. Cunego, que de momento descarta el Tour y se decanta por los Juegos, ha aportado la pizca de sal de un Giro. Ante un presente insípido, algunos intentan aferrarse al pasado. La Gazzetta dello Sport , organizador de la carrera, ha puesto a la venta una colección de monedas con los rostros de los protagonistas de los momentos más brillantes de la historia de la ronda. Entre los elegidos, Fausto Coppi, Eddie Merckx, Francesco Moser, Marco Pantani y Miguel Indurain. La promoción alimenta la nostalgia. Se nota que el Giro echa de menos aquellos tiempos de un Indurain que repartía esfuerzos entre las dos carreras o de un Pantani que le sacaba punta cualquier pico. Pero todo ha cambiado. El Tour de Francia ejerce una fuerza centrípeta que ha devorado las otras dos carreras de tres semanas, el Giro y la Vuelta. La ronda francesa, con su hegemonía en el calendario ciclista mundial, ha desinflado las otras dos grandes. Pero, curiosamente, el propio Tour puede revitalizarlas partir del año que viene gracias al Pro Tour, una Champions League ciclista en la que los mejores equipos tendrán que acudir a las tres grandes y en otras pruebas estipuladas por la UCI. Dicen que la unión hace la fuerza. Y el Giro la necesita.