La victoria en la Copa reivindica la apuesta del cuadro maño por unos futbolistas desechados en los equipos «grandes»
18 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?a victoria del Zaragoza en Montjuich fue sorprendente, pero nunca casual. El derechazo de Galletti, la táctica de Víctor Muñoz, el liderazgo de Movilla, la fortaleza de Milito, el oportunismo de Villa,... Todos los protagonistas del cuadro maño disfrutaron de un título que refrenda su modesta labor lejos de los focos del fútbol español. Miguel Pardeza. El director deportivo del Zaragoza se presenta como el gran promotor del proyecto que llevó a su club a la conquista de la Copa. El quinto integrante de la fabulosa Quinta del Buitre forjó su trayectoria como futbolista profesional lejos de la Casa Blanca. Como jugador, la afición maña todavía recuerda su histórica Recopa (1995) ante el Arsenal en París. Ahora disfruta de otro título, el primero bajo su dirección en los despachos. Víctor Muñoz. El antiguo futbolista triunfó como centrocampista bregador del Barcelona de Lineker, pero los azulgrana nada quisieron saber de él como técnico. Reconocido como gran motivador, hizo reaccionar a una plantilla que parecía abocada a luchar por la permanencia hasta el último día. Su carácter ganador y un encomiable trabajo táctico son sus principales armas. Tras preparar al Mallorca, al Logroñés, al Lleida y al Villarreal, le llegó la gran oportunidad de dirigir al equipo de su tierra. «Es un estudioso, un comecocos, para él el fútbol no tiene horas», asegura de él Pardeza. José María Movilla. Algo tiene el pelado centrocampista del Atlético que vuelve locos a los entrenadores. Lo mismo le condenan al ostracismo, que se erige en piedra angular de sus proyectos. Conoció la soledad del banquillo junto a Rodríguez Vaz (Ourense), pero triunfó, y de qué manera, de la mano de Peiró (Málaga, que lo traspasó al Atlético por 12 millones de euros) y Aragonés (junto al que subió de Segunda). Tras una primera vuelta reclamado por la afición del Calderón, aunque sin respuesta por parte de Gregorio Manzano, llegó al Zaragoza cedido. Gabriel Milito. El culebrón del verano terminó en el Zaragoza. Desechado por los médicos del Madrid debido a la supuesta fragilidad de sus rodillas, el defensa dio toda una lección de colocación, liderazgo y velocidad en Montjuich. Muchos seguidores blancos se tiraron de los pelos al comparar su extraordinario rendimiento con el ofrecido en la final por Raúl Bravo, muy fallón, o el exhausto Helguera. Formado en el Independiente argentino, Milito fue campeón del torneo Apertura en el 2003. Su compañero en la zaga, el brasileño Álvaro Maior, llegó a España en las filas del Las Palmas. David Villa. El fichaje estrella del Zaragoza para esta temporada responde a las expectativas. Su perfil de ratón del área poco tiene que ver con su tremendo olfato de gol, que lo llevó a marcar una veintena de tantos con el Sporting en Segunda División la pasada campaña. Pero Gijón se le quedó pequeño. Apodado El Guaje por su apariencia menuda (175 centímetros y 69 kilos), suma once goles en la actualidad en la Liga y sueña con un hueco e la próxima Eurocopa. El «illa, illa, illa, Villa maravilla» cantado en La Romareda puede convertirse en un himno también en Portugal. Luciano Galletti. Este centrocampista de lucha aporta una veteranía impropia al Zaragoza a pesar de los 24 años que cumplirá el próximo mes. Formado en el Estudiantes argentino, su pasaporte italiano le abrió pronto las puertas del fútbol europeo, pero su paso por el Parma y el Nápoles le devolvió a su país. Allí fue repescado en el 2001 por el club aragonés, que confió en él a pesar de la caída a la Segunda División. Su disparo en la prórroga ya ocupa un hueco en la historia del Zaragoza a la par de aquella vaselina de oro impulsada por Nayim en la Recopa. Dani García. Llegó con la carta de libertad tras pasar las tres últimas temporadas casi en blanco en un Barcelona que nunca terminó de confiar en su talento. Formado en su eterno rival, el Madrid, Dani ganó la séptima Copa de Europa en 1998 y fue subcampeón de la Recopa con el Mallorca de Cúper en 1999. Pero sucesivas lesiones cortaron su progresión. Ahora quiere volver a sentirse futbolista en el Zaragoza. Savio Bortolini. Con 30 años ganó el último título que le quedaba por lograr en España. En el Madrid de Capello se lamentaba su poco apego por el trabajo defensivo y su querencia a practicar sus regates lejos de la banda. El habilidoso media punta zurdo sufrió su particular destierro en el Girondins de Burdeos y anteayer recordó en Montjuich sus mejores años en la delantera del Flamengo.