El delantero Chico, al que el club adeuda las tres últimas nóminas, se negó a pagar en el restaurante del presidente
15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Dos platos del día en peligro. Primero, el del Compostela, un club que apura sus últimas bocanadas de vida debido a una delicadísima situación económica y deportiva. Después, el de Chico, que optó por comer a cuenta del presidente del club, propietario de un mesón en Santiago. El delantero gaditano acudió por primera vez al restaurante el pasado día 3, acompañado por su compañero Pepe Pelanda. Comieron el menú del día y aseguraron que no pagarían hasta que Juan Silva cumpliese con sus obligaciones y pagase las mensualidades que les adeudaba. La situación de los futbolistas del Compostela no invita al optimismo. En un club descendido esta temporada a Segunda B por sus deudas, la primera plantilla acumula su tercer mes consecutivo sin cobrar, mientras que a los futbolistas del filial y a los trabajadores no deportivos, les deben, además, las mensualidades del año pasado. Francisco Javier Segundo, Chico , que ayer declinó opinar sobre su visita al negocio particular del presidente -«lo que le tenga que decir se lo diré en persona y no como él, a través de los periódicos», afirmó-, regresó el pasado miércoles al mesón y pidió, de nuevo, el menú del día. Sin embargo, el camarero se negó a servirle mientras no le abonase su deuda anterior, lo que el jugador hizo al instante. Una actitud muy diferente a la que Juan Silva guarda con sus futbolistas. Los jugadores, que hace quince días plantaron sus entrenamientos una jornada, confían en que llegue a buen puerto la ampliación del capital social del club, cuyo plazo termina hoy. Hasta el momento, el Compos recaudó poco más de 13.000 euros (poco más de dos millones de pesetas). Sin embargo, es necesario cubrir un mínimo de 1,2 millones de euros (200 millones de pesetas). Chico, que había saltado a la actualidad a principio de temporada tras pedir su marcha de la entidad porque extrañaba a su novia, asegura que superó aquella situación tras las promesas de Silva, quien le aseguró que no habría más problemas de cobros. «Yo firmé mi contrato con el presidente y ni me quejo ni me dejo de quejar, pero me gustaría no echar más leña al fuego antes del miércoles (por mañana)», afirma. Entonces, los futbolistas se reunirán de nuevo con los responsables del Compostela y podrían decidir nuevas medidas de protesta. La precariedad financiera del club -los jugadores desconocen si podrán desplazarse este fin de semana a jugar debido a la importante deuda que la entidad también acumula con la empresa de autobuses- no invita al optimismo. La larga sombra de Caneda, que sigue como máximo accionista blanquiazul, su nefasta gestión y una deuda reconocida en la última asamblea de 7 millones de euros (1.165 millones de pesetas) matan de inanición a un Compos moribundo.