Soberbio con guantes de barro

Toni Silva REDACCIÓN

DEPORTES

THOMAS BHOLEN

El grave error de Kahn ante el Real Madrid ha focalizado las críticas sobre un portero que siempre ha denunciado los fallos de sus compañeros del Bayern y de la selección

25 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Kahn no es víctima de sus errores sino de su carácter. Porque pifias, haberlas haylas, de Rustu a Buffon, pasando por el propio Casillas. La diferencia está en cómo visten los fallos en cada uno de ellos. En el turco Rustu inspiran pena, en Buffon anécdota, y en el alemán del Bayern Múnich suenan como una sonora bofetada a su orgullo de teutón infalible, como el joven que se mofa de la lentitud de un anciano, hasta que él mismo padece los achaques de la senectud. Toda Alemania le ha señalado con el dedo acusador. A él, a don Perfecto, el que ruge los fallos de sus defensas. Su declive público comenzó hace dos años en la final del Mundial de Corea y Japón. Horas antes de que Ronaldo le humillara, él se pavoneó. «Son los brasileños los que tienen que demostrar que son capaces de hacerme un gol». Y recibió dos, con un grave error en el primero al no atajar un tiro de Rivaldo y dejar el balón en el pie de Ronaldo. Paradójicamente, tras la final recibió el trofeo de mejor jugador del Mundial. Pero quizá el resultado hubiese sido otro si la votación no se hubiese celebrado antes del último partido. El martes cerró, por el momento, su archivo de pifias. Él se bastó para tirar por el suelo un gran partido de sus compañeros ante el Real Madrid. Pero, incluso en los encuentros más sencillos, han trascendido errores del declarado «mejor portero de 1999 y 2000». A principios de febrero, el Aquisgrán de Segunda División eliminó al potente muniqués tras un gol encajado por Kahn en un disparo tan lejano como previsible. Oliver también oye estos días voces que le acusan de estajanovista. Si necesitó quince inyecciones para calmar sus dolores de espalda, ¿por qué no insinuó el concurso del meta suplente? La historia se repite con el nefasto día del Mundial porque ante Brasil jugó con un dedo roto. Desde el martes, Alemania pregunta por Jens Lehmann, suplente de Kahn en la selección, y Múnich quiere ver en acción al joven Michael Rensing, un portero de 19 años, de quien se dice que tomará el relevo de Kahn dentro de cuatro años. Pero quizá no haya paciencia para consentir errores del que se ha erigido a sí mismo como el sucesor de Sepp Maier, campeón de Europa en 1972, y del Mundo en 1974, y maestro de Oliver. Como él, Maier era un guardameta soberbio, provocador, de reflejos instantáneos y demasiado generoso en el despeje de puños. Pero, como su heredero, Maier también inició su ocaso tragando bilis: en la final de la Copa de Europa de selecciones, el portero recibió un gol humillante y definitivo en la tanda de penaltis, marcado por el checoslovaco Anton Panenka, cuyo apellido quedaría impreso en esa forma de lanzar desde los once metros. Kahn comienza a popularizar errores. No debería prodigarlos ahora, cuando su contrato con el Bayern concluye en el 2006, unos días antes del Mundial de Alemania.