El hundimiento de Parmalat pone en serio peligro el futuro del equipo de fútbol italiano que dependía económicamente del gigante alimentario
08 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Invertir en el fútbol es donar dinero a fondo perdido. Pero no siempre el culpable es el balón. En ocasiones, el gol lo meten desde los despachos. El gigante lácteo italiano Parmalat, con su quiebra, le metió uno en propia meta al Parma, su hijo futbolístico. A finales del año pasado, el primer grupo alimentario de Italia y numerosas naciones de América Latina, con 37.000 empleados en treinta países entró en barrena tras descubrirse en sus cuentas un agujero de unos diez mil millones de euros sobre una facturación de 7.500 en el año 2002. Su presidente y accionista mayoritario, Calisto Tanzi, terminó en la cárcel, acusado de apropiarse de cientos de millones a través de un entramado de sociedades radicadas en paraísos fiscales. Alessandro Bassi, el contable, se suicidó tras ser interrogado por la fiscalía. Bassi no fue la única víctima. El Parma AC de la Primera División italiana no podía de ningún modo permanecer ajeno a esta crisis, ya que formaba parte del grupo empresarial desde 1991. La familia Tanzi aterrizó en el club ese año y convirtió a la modesta entidad que había militado en las series B, C y D en un aspirante a todo y ganador de la Uefa, la Supercopa y la Recopa en los años 90. Sin embargo, los mecenas fueron también los primeros en abandonar el barco, que continúa hundiéndose. Su hijo Stefano y su primo Paolo dijeron adiós a la francesa y dejaron el club en manos del Estado. Actualmente, el Parma es quinto en la tabla. Por el momento, aguanta el tipo, pero su futuro es negro. Los 77 millones de deuda registrados la pasada campaña (mucho menos de la mitad de la que reconoce el Deportivo, unos 178 millones) le darán la puntilla al final de ésta. Las pérdidas acumuladas suponen ya unos setecientos millones de euros. Mentiras oficiales El camino de la salvación está lleno de espinas, aunque nadie tiene la valentía de reconocerlo. «No desmantelaremos el club», dice su gerente general Patrick Nebiolo, mientras dice que está trabajando para «normalizar» la sociedad. Hablando en plata, significó la venta de Adriano, al Inter la cesión de Nakata al Bolonia y, como asegura sin pelos en la lengua el ministro de Industria Antonio Marzano: «El club podría ser vendido al final de temporada porque ya no es un activo estratégico». La agonía del Parma es el resultado del oscurantismo con el que se llevan las cuentas en el Calcio, donde los clubes compran y venden en cómodas cuotas e incluyen derechos futuros de recompra, cláusulas de propiedad conjunta y que se resumen en una máxima incuestionable: nadie paga y todos cobran.