Corredor de bici y bolsa

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN

DEPORTES

El corredor, licenciado en Ciencias Empresariales y aficionado al juego bursátil, pasó cuatro años en el pelotón portugués antes de fichar por el equipo de Vicente Belda

08 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Los Reyes Magos a veces regalan vocaciones. A David Blanco, corredor del Kelme, le trajeron una bicicleta cuando tenía nueve años. Y las pedaladas acaban de llevarle al tercer puesto en la Vuelta a Mallorca, la prueba que abre la temporada ciclista en España. Blanco, que prepara su doctorado en Ciencias Empresariales y es aficionado a la Bolsa, recomienda no invertir en estos tiempos extraños. Pero él se ha convertido ya en un valor en alza. Antes de elegir ser el esforzado de la ruta, fue chico de la cancha. Jugó al baloncesto en el Peleteiro, pero al final se decantó por el deporte que se le daba mejor. Así de sencillo. Pura selección. Saltó de Compostela a A Coruña para correr en el Club Ciclista Coruñés. Allí, donde coincidió con Miguel Manteiga, Gustavo Meijide y Ezequiel Mosquera, lo recuerdan como un corredor completo. Pero sus aptitudes han cambiado. «Es curioso. Antes, cuando era aficionado, se me daba mejor la crono, pero ahora me va bien la escalada», comenta. Todavía recuerda cuando, en su etapa de aficionado, la montaña le robó el triunfo en la ronda mallorquina después de una gran contrarreloj. Dicen que lloró amargamente tras la derrota. Ya estaba atado a la bicicleta y siguió el camino que toman muchos gallegos para convertirse en profesionales. Se fue a Portugal. Estuvo allí cuatro años en los que se sintió bien tratado. En su primera temporada sufrió algún que otro impago por parte de su equipo. En la última firmó un quinto puesto en la ronda lusa, una posición que se convirtió en el gran anzuelo de su trayectoria de cara al mercado ciclista. Recibió la llamada del Kelme con la sorpresa propia del que ya no esperaba regresar. Su representante, amigo de Vicente Belda, le presentó el currículo del ciclista al director de la formación valenciana. Poco después se confirmaba el fichaje. Pero a Blanco le tocó vivir desde dentro el descenso del Kelme a la Segunda División de la UCI. Al principio, confiesa que la legendaria formación parecía blindada por su larga trayectoria en la élite. Pero después llegaron los rumores, los malos augurios. Y temió lo peor. Al final, en Segunda, pero en la Vuelta y el Giro. «Lo que sobran son carreras», indica. Le hace especial ilusión la Vuelta, a pesar de que critique el hecho de que no pase, una vez más, por tierras gallegas. No podrá ir al Tour, pero no le obsesiona. No se alimenta de mitos. Es más, cree que quizás estemos ante el principio del fin de Lance Armstrong. «Ya lo pasó mal el año pasado», recuerda. Su pasión es el ciclismo, no las leyendas ciclistas. «Yo nunca tuve ídolos, ni de pequeño, será por el orgullo», comenta divertido. No lo parece. Aunque quizás tenga razones para sentir orgullo en esta temporada. Ahora comparte habitación con Pascual Rodríguez, uno de los veteranos del Kelme. Y conoce de cerca a Alejandro Valverde, la gran promesa del pelotón español. Ha comprobado que es humilde, «nada divo», pero competitivo hasta en los entrenamientos. Cree que el Kelme rodará esta temporada con más combustible: es la motivación extra para recuperar los galones de la Primera División UCI. Ahora espera su próxima cita del calendario, la Vuelta a la Comunidad Valenciana. Mientras tanto, tiene tiempo de practicar otra de sus aficiones, además del juego bursátil: ir al cine. El sábado pasado vio El último samurai . Una americanada entretenida, según el propio corredor. Demasiada épica artificiosa para un hombre de números y sudor. De bolsa y bicicleta.