Bajo la dirección de Jordi Arcarons, «Nani» Romá cumple su novena participación y parte como uno de los favoritos de una prueba que se le ha resistido hasta el momento. Nani Romá debutó en el Dakar en 1996 y estuvo a punto de ganarlo en el 2000. Es la espina que tiene clavada el piloto catalán, que, este año, acompañado de Esteve y Comá y bajo la dirección de Arcarons, intentará por fin dar el asalto definitivo a una prueba en la que es gafe. -Lo más problemático estará en Mauritania. Será más duro que el último, que fue bastante sencillo. El secreto será llegar bien al tercio final. -¿Por qué correrá con una KTM monocilíndrica? -Posee una diferencia clara de peso y potencia respecto a la bicilíndrica, funciona perfectamente y tiene una gran fiabilidad. -¿Ya hay órdenes de equipo? -No. Pero yo tengo más experiencia que Esteve y Comá, y estoy más preparado para ganar. Necesitaré su ayuda. -¿Quiénes serán sus rivales? -Fabricio Meoni y Richard Sainct. Ambos han ganado ya la carrera y también hay que contar con Cyril Despres y Alfie Cox. -¿Cómo llega a este Dakar? -Ha sido un buen año, que comenzó de forma difícil y que ha ido a más. Gané el raid de Cerdeña, fui segundo en la Baja y primero en Egipto en uno de las mejores carreras que he hecho en mi vida. Además, he solucionado algunos problemas físicos que tenía en mi mano, que ya está perfecta. Llego al Dakar en óptimas condiciones para ganar la presente edición. -¿Cómo repercutirá tener a Arcarons como director deportivo? -Es uno de los históricos del Dakar. Merecía haber ganado de no haber coincidido con Peterhansel, que disponía del mejor equipo. Contar con él en los entrenamientos y al final de las etapas puede ser una ayuda psicológica notable. -¿Qué fue lo que más le impresionó de África y del rally? -Cuando vuelves año tras año y vienes de países que evolucionan, compruebas que los africanos tienen cada vez más problemas. Pero, sobre todo, impresiona ver la cordialidad de la gente, que no tiene nada y lo ofrece todo. Y, por supuesto, la inmensidad del continente, con las enormes distancias que se pueden recorrer sin encontrar rastro de vida. -¿Qué desgaste es mayor, el físico o el mental? -Estar siempre concentrado a lo largo de una etapa de setecientos kilómetros supone un gran esfuerzo que no siempre se consigue, y cuando se lucha por la victoria rodando a un ritmo alto, eso puede suponer problemas graves. Es un aspecto que he trabajado.