Un gol de Lequi permitió el empate del Atlético de Madrid después de que los celestes hubiesen dado la vuelta al partido
13 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El Celta derrochó ayer hasta el último gramo de esfuerzo para buscar su segunda victoria de la Liga en Balaídos que arreglase una situación alarmante en la clasificación. Para conseguirla, los célticos intentaron aprovechar la confianza que les dio la victoria de Milán, pero después de darle la vuelta a un marcador adverso, un fallo defensivo en la recta final y la mala suerte impidió que el equipo de Lotina obtuviese el premio que mereció. Hay dinámicas que parecen difíciles de cambiar. El Celta venía de una espiral de malos resultados en la Liga y debía confiar en la inercia victoriosa de la Liga de Campeones para alterar esta trayectoria adversa de los celestes cuando vuelven al campeonato doméstico. Y a pesar de que Lotina sacó a los héroes de Milán, las cosas se torcieron cuando un garrafal despiste en un saque de esquina del Atlético de Madrid dejó solo a Simeone para cabecear al fondo de la red de la meta de Cavallero y situar a los rojiblancos por delante en el marcador. Pero a diferencia de otras jornadas, ayer el Celta tenía convicción en sí mismo, tenía fe, y se notaba en cada acción. El equipo vigués sacó la actitud de las grandes ocasiones, se olvidó de la ansiedad que le pesaba en anteriores partidos en Balaídos, y se mentalizó de que había que morir con las botas puestas. No fue fácil quitarle el balón al Atlético, que con Jorge e Ibagaza por primera vez juntos en el terreno de juego, atesoraba una calidad enorme en su centro del campo y hacía temer lo peor en cualquier acción de contragolpe. Sin embargo fue el Celta el que se aproximó más a menudo a las inmediaciones del mono Burgos, aunque faltaba la tranquilidad necesaria para definir en los últimos metros. Fue una jugada a balón parado la que le devolvió la esperanza al equipo vigués. Luccin golpeó con el alma un balón que tras rechazar en un defensa se coló en la portería rojiblanca. Los celestes aprovecharon la inercia y se volcaron en busca del segundo tanto, que llegó antes del descanso gracias a un centro de Jesuli que remató Milosevic adelantándose a Burgos. Esta jugada fue la muestra clara de que los pupilos de Lotina querían salvarle a toda costa la cabeza su técnico. En la segunda mitad, el Atlético tuvo que estirarse para intentar pescar algo positivo en Balaídos. Los celestes se replegaron bien y cada vez que robaban el balón cogían al equipo de Manzano al contragolpe con muchos huecos atrás. La ocasión más clara fue una internada de Ángel, que se fue de Sergi por velocidad, pero que el canario acabó rematando muy desviado. Sin embargo el jarro de agua fría llegaría en la portería de Cavallero a falta de siete minutos para la conclusión en una acción en la que Lequi se aprovechó del desconcierto defensivo para empatar.