Saadi Gadafi, hijo del líder libio y cuyas dotes futbolísticas aún no se han visto en Italia, pese a fichar el pasado verano por el Perugia, se ha convertido en el tercer caso positivo de dopaje por nandrolona de la actual temporada. Un caso que se suma, en poco más de los dos meses que se llevan de competición en Italia, a los ya conocidos previamente de Manuel Blasi (Parma) y Mohamed Kallon, del Inter de Milán, quienes ya habían dado positivo por metabolitos de dicho esteroide anabolizante. El dopaje de Saadi Gadafi es el más sorprendente de todos: no ha debutado en partido oficial con el Perugia y lo máximo que ha hecho es aparecer esporádicamente en el banquillo de suplentes. Justo en una de esas escasas apariciones, le tocó en suerte pasar el control antidopaje. Fue en el partido liguero Perugia-Reggina, del último 5 de octubre. Según el comunicado oficial enviado por el Comité Olímpico Italiano, el resultado de dicho análisis «ha revelado la presencia de norandrosterona en un límite superior a lo establecido por el Comité Olímpico Internacional». Es de esperar que ahora Gadafi, o su club, soliciten la realización del oportuno contraanálisis. Un examen que, a tenor de la reglamentación antidopaje aprobada la pasada campaña -que ya permite dar el termino de positivo tras el primer control-, está a expensas de que lo solicite el implicado a o su entidad. Con este positivo, desde luego, la alarma sobre el ya denominado como fantasma nandrolona cobra una mayor dimensión en el fútbol italiano. Hace dos años el Calcio ya se vio azotado por la aparición de este esteroide anabolizante, utilizado para aumentar la masa muscular de los deportistas. Entonces, en la campaña 2000-2001, se dieron nueve casos, siendo los más notorios los de Fernando Couto (Lazio), Torrisi (Parma) y Davids (Juventus). Una verdadera avalancha de positivos, que a la campaña siguiente adquirió mayor notoriedad, con los positivos de Jaap Stam (Lazio) y del español Pep Guardiola (Brescia). La presión de las altas esferas deportivas llevó en todos los casos a una reducción de sanciones, que oscilaron entre los ocho y los cuatro meses de suspensión.