Una final camuflada de trámite

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo A CORUÑA

DEPORTES

El Dépor recibe al Rosenborg en un encuentro trascendental para su futuro

25 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Esta noche, en un inusual horario para la Liga de Campeones (21.30 horas, al cierre de esta edición Dépor y TVG no habían alcanzado un acuerdo sobre la transmisión) el Dépor jugará uno de los partidos más feos de su historia moderna. Los blanquiazules reciben al Rosenborg con todas las obligaciones del mundo y prácticamente ningún derecho. Si los de Irureta ganan, habrán cumplido con sus deberes. Si no pasan la eliminatoria, habrán fracasado con estrépito y llevarán al club a una delicada situación económica. En definitiva, estamos ante uno de esos encuentros que generan un incómodo desasosiego al futbolista que sólo desaparece con el deber cumplido. El Dépor es mejor, pero en Noruega no lo demostró. El rústico fútbol nórdico con balones al hueco (siempre hay espacios en el cielo) originó, no uno, sino varios incendios en la escuadra de Irureta. Afortunadamente, tanto los centrales como un magnífico Molina hicieron de bomberos de élite y propiciaron que el choque de hoy no adquiriera tintes dramáticos. Pero aunque el encuentro en sí es incómodo, las dudas que está generando el juego del equipo incrementan ese pequeño ardor de estómago que a buen seguro sufren todos los miembros de la familia deportivista. Que a estas alturas el Dépor no convenza, no preocupa demasiado. Que no marque goles, es otra cosa, porque alguno hará falta hoy. Jabo se ha obsesionado con este asunto y tuvo a todos sus jugadores rematando hasta la extenuación. La sombra de Makaay es alargada, casi tanto como la mala forma de Tristán. El algabeño, que muy débil debe de sentirse puesto que accedió a dar una rueda de prensa, quiso tranquilizar a todos con un discurso autosuficiente: «Cuando el Dépor me necesite, yo estaré ahí». La ocasión de hoy es buena para que demuestre ante su parroquia que no va camino de la perdición, y sí de la redención. Porque aunque diga lo contrario, Diego está en deuda con el deportivismo. El partido también será una buena ocasión para comprobar algunas de las decisiones de Irureta, que pueden ser más que significativas cuando faltan unos pocos días para el comienzo del campeonato de Liga. Y enfrente el rocoso grupo noruego. El Rosenborg gana siempre la Liga de su país. Y ha jugado las ocho últimas ediciones de la Liga de Campeones. A su escala, tiene la mentalidad de los campeones. Es inferior al Dépor, pero es muy competitivo. O sea, que hay que ganarle. No se trata de la típica perita en dulce que se cae de madura. Hay que menear el árbol. En caso contrario, el Dépor de la Champions se vería abocado a jugar la UEFA.