El personaje mediático creado alrededor del jugador inglés eclipsa la figura de un futbolista de gran calidad que es algo más que un joven rubio, guapo y sonriente
18 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El efecto Beckham ya se vive en Madrid. Decenas de periodistas ingleses y japoneses, veinte cámaras de televisión, y un centenar de medios de comunicación se dieron cita ayer en el entrenamiento del equipo blanco, que registró una cola impresionante el día después del fichaje del jugador inglés. No hay duda. Florentino ha echado las redes sobre un reclamo publicitario de una dimensión tan enorme como inigualable en el actual panorama futbolístico. Nadie cuestiona el golpe de efecto del presidente del Real Madrid que ha conseguido en los años que lleva al frente de la nave blanca reunir un grupo de estrellas que pasan por ser lo mejor del mundo. Hasta la fecha no había ninguna duda respecto al valor futbolístico de Figo, Zidane y Ronaldo, tres balones de oro con grandes logros deportivos a sus espaldas. El caso de Beckham es diferente. La pregunta es, ¿además de un fenómeno mediático, ha fichado Florentino un buen pelotero? El debate sobre su valía en el terreno de juego está servido, así como la discusión sobre cuál será su ubicación en el once galáctico. David Beckham ha sido el siete de un Manchester que ha dominado durante varias temporadas la Premier League y que incluso llegó a hacerse con una Liga de Campeones en 1999. Beckham tiene muchas carencias en su juego que son eclipsadas por su punto fuerte. Y un punto fuerte que, a su vez, es devorado por su personaje público. Esta es la paradoja en la que vive inmerso el futbolista Beckham. Nunca desbordó por la banda como Figo, siempre estuvo muy lejos de los registros goleadores de Ronaldo y jamás bailó con la pelota como lo hace Zidane. Beck no es un jugador completo, pero tiene la mejor pierna derecha del planeta. Nadie centra los córneres como Beckham, nadie tira las faltas como Beckham y nadie hace cambios de juego tan precisos como este rubito. Es un especialista y en su especialidad es el número uno. El público de Riazor puede dar fe de lo antedicho. El gol que marcó a Molina en los cuartos de final de la Liga de Campeones 2001/2002 fue una mezcla de habilidad, precisión y arte. Hay quien dice que se puede distinguir a un tuercebotas de un crack sólo por el sonido que genera el impacto de la bota con el balón. Aquel día, en Riazor, todos comprobaron que cuando este chico pega a la pelota no hay ruido, hay música. Su capacidad para desplazar el esférico nadie la cuestiona. Por ejemplo, el técnico gallego Fernando Vázquez le reconoce su cualidad: «Pasa muy bien y dispara de maravilla. Pero no es tan bueno en otras acciones técnicas. Por ejmplo, no tiene velocidad en su conducción del balón, no desborda, no tiene juego de contención, no va bien de cabeza, no tiene alma de líder y no creo que sea un jugador decisivo. Es, eso sí, un buen futbolista, pero es más crack mediático que deportivo», dice el de Castrofeito. Javier Irureta, en lo fundamental, piensa igual que su colega gallego: «Es más estrella mediática que otra cosa. Sí es bueno para la banda, porque yo por el centro no le veo, pero tendrá más repercusión por lo de alrededor que por el fútbol», asegura Jabo. No piensa de igual forma Jorge Valdano, que no duda de la calidad del inglés: «Este es de los fichajes que pone igual de contentos a la dirección general de márketing y a la deportiva». ¿Y Florentino Pérez? Está claro, al presidente blanco no parece importarle demasiado ni la capacidad deportiva de su nuevo jugador, ni su encaje en el terreno de juego: «Ahora tenemos una proyección universal muy importante, pero es verdad que necesitábamos consolidar ese área del mundo -Asia y el mercado anglosajón- y no cabe duda de que su proyección mediática nos va a ayudar a consolidar la marca Real Madrid». ¿Y el equipo merengue? ¿Gana o pierde con la llegada del rubio? En principio, tendrá lo mismo que tenía más Beckham. Y eso no es negativo en sí mismo. No puede ser malo tener a alguien que puede ver a Ronaldo a cuarenta metros y ponérsela en el pie. El Madrid ha fichado a un grandísimo jugador. No se ha hecho con los servicios de una versión masculina de Kournikova. Otra cosa es que triunfe en un corral con tanto gallo. O que el Madrid sea capaz de aguantar semejante atracón de figuras.