El presunto positivo del fondista madrileño Alberto García con EPO ensombrece la cosecha de medallas lograda en los dos últimos años en el Mundial y el Europeo . Los que pisan el tartán están bajo sospecha. Los controles de dopaje sitúan ahora a los atletas en el mismo ojo del huracán en el que entraron los ciclistas en el Tour de Francia 98, y del que todavía no han salido cinco años después. El pelotón pagó y paga con una crisis económica la mala prensa, y tanto positivo encadenado podría llevar al atletismo al mismo callejón sin salida. Malos tiempos para el considerado como el rey de los deportes. La sombra de la duda mancha los éxitos de los viejos ases -el gran Carl Lewis, al que acusan a estas alturas de supuestas fechorías pasadas- y a los últimos, como Alberto García. Una sanción de dos años se cierne sobre El africano de Vallecas , el único tipo dotado para seguir -aunque a un par de pasos- la estela del etíope Gebrselassie. Lo grave para el atletismo es que no sólo el español dio positivo en los pasados Mundiales de cross, celebrados en Suiza los días 29 y 30 de marzo. Fueron cinco, tres hombres y dos mujeres. Nandrolona, estanozol y, en tres casos, EPO (eritroproyetina) son las sustancias detectadas en los análisis. Por cierto, ninguno de los implicados ganó medallas. Cifra extraordinaria Cinco pillados en dos días de competición. Se trata de una cifra extraordinaria. Basta recordar que en los Juegos Olímpicos de Sydney se detectaron nueve casos de dopaje en todas las disciplinas. La misma sustancia que manchó al ciclismo, la EPO, es la que ahora hace tambalear la carrera de García. Viento en la sangre. Ése es el efecto de la eritroproyetina sobre el cuerpo. El primero, el inmediato. Richard Virenque conocía bien sus efectos. Francia, humillada por aquel escándalo, se colocó a la cabeza de la detección de la droga de moda. La IAAF utiliza el método de detección de EPO propugnado por el COI, que combina el análisis de sangre con el de orina. El sistema francés, que analiza directamente la orina, no está reconocido por la IAAF, y un supuesto positivo con este método sería anulado. Esto fue lo que ocurrió con la rusa Olga Yegorova antes de los Mundiales de Edmonton. Protagonizó en el 2001 el primer caso de dopaje por EPO en atletismo. Dio positivo tras de su victoria en los 3.000 metros en el mitin de París, pero esa irregularidad obligó a la IAAF (Federación Internacional de Atletismo) a levantar la suspensión. Sí fue castigado, con dos años, el marroquí Brahim Boulami. El control antidopaje en el que se le encontró EPO se realizó en la víspera de una reunión, la de Zúrich, en la que el atleta mejoró su récord del mundo de los 3000 metros obstáculos. Ocurrió el año pasado, en el que también fue sancionado por el mismo motivo el belga Mohammed Mourhit, de 31 años y plusmarquista europeo de 3.000, 5.000 y 10.000. Dio positivo dos días antes de los Campeonatos del Mundo de mediamaratón de Bruselas. El peor momento La noticia le llega al atletismo español en el mejor momento de su historia. Recientes están los éxitos logrados en el Europeo de Munich 2002, donde se lograron quince medallas (seis de oro, tres de plata y seis de bronce) y en el Mundial bajo techo Birmingham 2003, donde la cosecha fue de seis preseas (un oro, cuatro platas y un bronce). Alberto García tuvo en ambas citas un papel estelar. Ganó en Alemania y sólo Gebrselassie logró superarle en Inglaterra. Acaparó merecidos elogios este atleta de explosión tardía, pues no se hizo un hueco en la élite hasta los 27 años. Llamó a la puerta del club de los elegidos cuando logró un cuarto puesto los Mundiales de Edmonton del 2001. Apenas dos años después, su carrera puede haber acabado. El símbolo del atletismo español, manchado. Los franceses ya tienen lo que buscaban. La prensa gala lleva intentando encontrarle una explicación química a los éxitos de su vecino desde que Antón y Fiz reinaban en el maratón. Entonces, sin pruebas, lanzaron la piedra. Ahora se les ha dado munición. Pondrán los éxitos recientes en entredicho. Activarán el ventilador. A Odriozola le corresponde pararlo.