España resolvió sin brillo pero con paciencia el expediente ante una digna Armenia y dio un paso más en su imparable camino hacia la Eurocopa de Portugal.
03 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La selección sólo pudo quebrar la resistencia de los jugadores de la antigua república soviética en la segunda parte, cuando Iñaki Sáez se dejó de experimentos, volvió a sus clásicos y arregló con la entrada de Vicente las carencias del equipo con Valerón escorado a la izquierda. El valencianista no marcó pero aportó desborde y asistió a Tristán y Helguera en sus goles. Aunque Joaquín firmó al final una diana extraordinaria, el extremo levantino fue el jugador del partido, del típico duelo ante un rival humilde que aguantó bien mientras el físico se lo permitió. Más allá de la actitud, el juego y el resultado, fue una de esas citas que no sirven para extraer grandes consecuencias. Sí al menos para demostrar que no por alinear a más atacantes se garantizan el espectáculo y los goles y dejar patente que Valerón se pierde en la banda. Como advirtió Sáez, los armenios tuvieron buenas intenciones. Tocaron, no tiraron pelotazos y fueron osados. Su actitud fue encomiable, sorprendente. Pero, para su desgracia, carecen de experiencia y de contundencia. En momentos decisivos, son inocentes. Los armenios no están acostumbrados a ritmos altos de competición, no son resistentes y, por eso, se vinieron abajo antes de tiempo.Sáez resolvió el dibujo escorando a Valerón a la izquierda, pero con plena libertad para intercambiar su posición con Tristán y Raúl. Y el ensayo no funcionó. Cuando no se coloca a un especialista en la banda, sino a un jugador con tendencia a irse hacia el centro, se pierde profundidad. Sólo es positivo si el lateral es casi un extremo. Esto es precisamente lo que sucede en el Real Madrid, donde Roberto Carlos aprovecha los enormes espacios que le deja Zidane. Y Raúl Bravo tiene tendencia atacante, pero está a años luz del brasileño. El primer tiempo estuvo entretenido y parejo. Los armenios, con tres atrás y dos laterales de largo recorrido, tuvieron en muchas fases el dominio del juego y del balón. Dirigidos por Petrosyan, pusieron en jaque a la desajustada zaga española y no marcaron de milagro, por su falta de pegada. Precisamente, el centrocampista del Young Boys falló solo ante Casillas y, poco después, su compañero Karamyan se lio cuando podía fusilar al portero madrileño.España sólo llegó cuando robó el balón y encontró la defensa armenia despoblada. El tridente de lujo se perdió en acciones más preciosistas que efectivas. Intentaron el fútbol de tiralíneas, de salón, pero eso no se tradujo en nada. Hubo otro problema serio. Xavi se situó muy atrás, lejos de su mejor sitio. Si se adelantaba, se estorbaba con el centrocampista grancanario y con Raúl, que a su vez se venía atrás para no chocar con Tristán.La selección, muy lenta y previsible, aceleró en la reanudación. Presionó más y, aunque sufrió algún otro susto atrás, encerró a los armenios, ya sin fuelle. Pero faltaba desborde. Sáez lo vio e hizo un cambio inteligente. Retiró a Xavi, introdujo a Vicente -Joaquín había entrado antes del descanso por lesión de Etxeberria-, y España ganó en orden, distribución y disposición. Valerón pasó a organizar y los extremos se pegaron a la cal. Y así llegó el ansiado gol, tras una internada de Vicente que definió Tristán. Con el 1-0 y el camino hacia la victoria despejado, Iñaki Sáez recuperó su equipo clásico y sacrificó a Valerón para situar a Albelda y Baraja como pivotes. Armenia, herida de muerte, firmó su rendición cuando Helguera cabeceó a la red un saque de esquina. En un contragolpe, Joaquín, tras un pase magistral de Raúl, les puso la puntilla en los instantes finales.