Un error del portero del Basilea engancha a los coruñeses a la Liga de Campeones.
25 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Cinco minutos estuvo el pobre hombre mascullándolo en la grada: «¡Juanmi, por tu vida!». Una y otra vez repetía la cantinela cada vez que el balón se acercaba a la portería del Dépor. En cada centro, en cada córner... La vida europea del Dépor pendió ayer de un hilo delgadísimo, el que separa el 1-0 del 1-1. Tan angustiosos fueron los últimos compases del partido que cuando Yakin besó el larguero con su volea el hombre que rezaba en el nombre de Juanmi no pudo soportarlo más y se fue del campo. El partido de anoche tiene tres lecturas. Primera, el juego no fue bueno y se pasaron apuros, quizá innecesarios. Segunda, lo realmente importante era la victoria, garantía de supervivencia en Europa. Era, por tanto, un partido para sacar a relucir el oficio. Se ganó, y eso es lo importante. Y tercera, la victoria del Manchester ante la Juve beneficia al Deportivo, que aun así tiene que ganar en Turín para depender de sí mismo. Y si ganó el Manchester, ¿por qué no el Dépor? Los coruñeses se abrazan otra vez al sueño europeo. Pero, no hay que olvidarlo, seguirán condicionados por la necesidad del triunfo. Deberán resolver, por tanto, un problema de presión y demostrar que tienen oficio para aguantarla. Ayer, la responsabilidad pasó factura y el equipo sólo se llevó el partido por el «gracias, Zubi», de la primera jugada. Poco se parece el portero Zuberbuhler al mítico Zubizarreta aunque lleven idéntico seudónimo. Al suizo le sudaron los guantes, un pecado capital delante de un tiburón con la voracidad de Tristán. El regalito no evitó los nervios del conjunto coruñés, infinitamente mejor que su rival. Pero la responsabilidad de un triunfo imprescindible jugó en contra de los coruñeses. El Basilea, un Champions League de segunda fila, se encontró con jugadas en superioridad numérica carentes de sentido para un Dépor en ventaja. La inocencia de los suizos impidió algún gol en pleno desajuste de líneas coruñés. Por suerte para los de Irureta, el Basilea es sólo un equipo fuerte, muy justito de calidad y que baja enteros lejos de su refugio de hielo. En esa situación, tampoco los coruñeses acertaron a manejar la contra, porque hubo pocos envíos con sentido para los delanteros, y la velocidad de Makaay se perdió en transiciones excesivamente lentas. Por su precipitación, el Dépor llegó a perder el control del partido. El público, que estuvo extraordinario, entendió que tanta espesura requería un organizador y no tardó en corear el nombre de Valerón. Y el canario entró en el campo para deleite de todos. Por cierto, la UEFA deberá cuidar mucho más la designación de sus colegiados y asistentes. El colegiado francés Bré no estuvo a la altura de las circunstancias. Sus asistente, lo peor que ha pasado por Riazor en Liga de Campeones. -