Los celestes vencieron en Valladolid por 0-2 con un gran fútbol
01 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.El Celta logró un triunfo en Valladolid que le permite seguir en la lucha por la zona alta de la tabla. Ganó con un juego convincente y a pesar de las numerosas bajas que tenía. Además volvió a ver la portería rival con el acierto de antaño e incluso el 0-2 se puede considerar corto para los méritos realizados. Lo de que al Celta se le da bien jugar en Pucela puede sonar a un clásico sin fundamento, pero las estadísticas en ocasiones no engañan. Al equipo vigués le sienta bien jugar en Zorrilla y mejor aún hacerlo casi siempre como visitante. Hace tiempo que parece que desearía jugar todos sus partidos lejos de Balaídos. El Valladolid olvidó tomar apuntes de los errores que había cometido la temporada pasada y volvió a caer en ellos. Catanha debe anotar en su lista de preferencias un partido a orillas del Pisuerga por año, porque otra vez su visita al estadio castellano le sirvió para acabar con un largo periodo de sequía. El goleador brasileño llevaba nueve encuentros sin marcar y, en el mismo campo donde la campaña anterior hizo tres goles, se reencontró con él. El ariete aprovechó un centro de Méndez y cabeceó a gol con la ayuda del palo de la meta de Bizzarri. Los celestes soñaban ya con volver a ver una goleada que les había quedado aparcada en el sótano de su retina. Su contratiempo inesperado le vino dado por una nueva lesión muscular de Sergio, la enésima que le afecta a uno de sus centrales, y que obligó al técnico celeste a un retoque con la entrada de Berizzo. El cuadro local tuvo unos minutos de atontamiento que casi le cuestan un nuevo tanto de Catanha. Le habían dejado a los célticos que creasen la escena y ellos se limitaban a ejercer de espectadores. El verdadero público, el de las gradas blanquivioletas, les devolvió a la realidad y obligó a los suyos a centrarse en lo que estaba pasando. El Celta presionaba, robaba, y creaba mejor ante un conjunto que acumulaba un castillo de incongruencias. Moré confeccionó un equipo para jugar al ataque pero se olvidó de que, sin tener el balón, lo más probable es que no crees ocasiones. Gustavo López jugando por fin en la izquierda, tras tres intentos fallidos en la derecha, envió un centro magnífico que Edú cabeceó a gol. Adiós a la crisis goleadora y bienvenido el regreso del triunfo.