¿Noches alegres, partidos tristes?

La Voz F. S. | REDACCIÓN

DEPORTES

CÉSAR QUIÁN

El caso Tristán reaviva la polémica sobre la posibilidad de que un profesional compatibilice sus excesos fuera del terreno de juego con un buen rendimiento

07 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Diego Tristán ha reabierto una puerta que ya había cruzado Romario, Edmundo o Gascoigne. ¿Es posible mezclar un cóctel de buen fútbol y de noches alegres? El delantero del Deportivo asegura que sí. Los expertos apuestan por una vida equilibrada fuera del campo para rendir en él. Rafael Martín Acero, responsable de los servicios de apoyo al rendimiento del Deportivo, sostiene que todo es matizable. Casi se podría aplicar esa famosa frase: «Todo es veneno, nada es veneno, todo está en la dosis». Afirma que un vaso de vino tinto con la comida y una cerveza por la noche son cantidades perfectamente asumibles. «Cuando yo estaba con el equipo nacional de hockey les recomendaba a los internacionales tomar una cerveza en la cena. Es rica en vitamina B y funciona a modo de reconstituyente», indica. En cuanto al modo adecuado para recuperarse tras un partido, recuerda que en el Rayo Vallecano de Héctor Núñez, en los años ochenta, se realizaban concentraciones después de los partidos para controlar la dieta y las horas de sueño de los jugadores. «Lo que hoy es considerado adecuado para recuperar es lo siguiente: entrenamientos y carrera continua, respetar una dieta concreta y pasear por algún lugar no contaminado para favorecer un sueño que a veces tarda en llegar a causa de la fatiga ­­-afirma- ¿pero qué equipo hace eso en la actualidad? Además, cada entrenador sabe qué es lo que le conviene en cada ocasión a sus jugadores». E incluso en determinado momento, puede venirles bien un trago, aunque sin excesos, como cualquier persona que quiera rendir en su profesión. «No hay una fórmula ideal, una solución. Pero no hay que caer en ninguno de los dos extremos», dice. Martín Acero huye de integrismos , porque «el deporte no es una religión». Como Manuel Pombo, que fue preparador físico de Diego Tristán en el Mallorca. Pombo tampoco demoniza el alcohol y afirma que después de un partido es defatigante, que relaja el sistema nervioso central y que tiene un efecto un poco anestesiante. Señala que «en los estudios más recientes de farmacología se determina que el consumo afecta si se ingiere unas horas antes, como en el caso de la conducción, ya que disminuye los reflejos y el tiempo de reacción». Lo que también indica es que el sueño no es acumulativo, que no es posible ir en busca de las horas perdidas. Los efectos de los excesos sí pueden ser acumulativos. La Federación Española de Medicina del Deporte reproduce en su web conclusiones del American College of Sports Medicine (ACSM) con respecto a los efectos del alcohol en el rendimiento. Según el ACSM, «el consumo agudo puede disminuir la fuerza, la potencia, la tolerancia muscular local, la velocidad y la tolerancia cardiomuscular». Una afirmación que invita a la moderación. Y en este sentido, el referente puede ser Mauro. «Mi secreto está en el entrenamiento invisible», aseguró en una entrevista publicada en La Voz el 9 de octubre del 2000. Afirmaba que «es tan bueno el descanso y la alimentación como el entreno». Quizás intenta imitar la longevidad futbolística de Donato, que en otra entrevista del 14 de septiembre en este periódico señaló que procura cuidarse lo más posible, «pero cada uno vive a su manera». Y algunos eligen el lado salvaje, como en Gran Bretaña, donde de vez en cuando se reaviva la polémica sobre el apasionado idilio de sus futbolistas con las pintas. Bobby Charlton admite sus excesos como jugador. «En mi época, solía tomar copas, pero ahora no lo haría: te pagan demasiado dinero. No tomaría ni una pinta de cerveza», señaló. Pero es difícil acabar con lo que en Inglaterra se considera casi una tradición. El checo Joseph Venglos prohibió el alcohol cuando llegó al Aston Villa y encontró gran oposición a pesar de los malos ejemplos ilustres que ofrece la Premier. Como George Best, que acabó pagando con su salud su afición a la barra. O Gascoigne, del que Brian Laudrup dijo que «era un jugador fantástico... cuando no estaba borracho». Y es que el «si no salgo, no marco» no le ha colado en España ni a Romario. El mensaje del Valencia fue: «Si bebes, no conduzcas... el balón».