Dos días después del «Día sin coches», A Coruña se desquitó. Un partido de Champions bien merece la histeria de un atasco propio de la castellana madrileña en hora punta y con las ovejas de la Mesta cruzando a la altura del Bernabéu. Si el Dépor es un grande de Europa, A Coruña estuvo a la altura como ciudad con una desproporcionada cadena de vehículos alrededor de Riazor. Así se explica que cinco minutos antes del encuentro, las gradas estuviesen a medio poblar y, diez más tarde, repletas. Alguno se perdió cómo treinta jóvenes aireaban el balón de tela de la Champions bajo los acordes del himno Uefa, un ritual que se celebra en los aforos más escogidos del continente. Los rezagados Pero los rezagados tampoco fueron testigos de la música que precedió a la salida de los jugadores. «Lloraré las penas por ti...», insistía David Bisbal. ¿Se refería al resultado del Deportivo? ¿Intuía el temprano gol de Seedorf? Lo de Operación Triunfo quedó en triste ironía. De los 23 presentes en el rectángulo verde, los aficionados se centraron en uno. A Rivaldo le quedó claro que cuando se habla mal de alguien, le pitan los oídos. No sólo hubo abucheos para el ex deportivista, la grada de Maratón le exigió que saliese del estadio de Riazor. La afición gritó otro nombre. Pero exentas de mala leche. Al contrario. «Valerón, Valerón, Va-le-rón». Sobran las explicaciones. Pocas pancartas Pancartas no hubo muchas. Además de las habituales de los fines de semana, una aseguraba que «hoxe como milanesa». Si fue cierto, fue probable una digestión pesada. Pero el público se comía el mal resultado sólo por dentro. Los goles rossoneros no desgastaron el ánimo blanquiazul, como se demostró durante la salida del Dépor en el descanso: con 0-2, la gente se volcó a darles gritos de apoyo. Una buena forma de vaciar el estrés del atasco. El 0-4 ya apagó casi definitivamente el griterío. No era para menos.