El Teresa Herrera desvela prácticamente la lista de 25 para la Liga
10 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Dieciocho y cinco, veintitrés. Diego Tristán, en el dique seco, veinticuatro. A siete días de la Supercopa y a tres semanas del comienzo liguero, Javier Irureta, poco amigo de las sorpresas, parece haber disipado las escasas dudas que podía tener. Un nombre más y asunto resuelto. ¿Djorovic, José Manuel, una incorporación o una baja de última hora...? La preciada lista está más que perfilada. Cambios, los previsibles. En la convocatoria, Manuel Pablo, Donato -para solaz de los aficionados deportivistas, que, eso si, no vieron cumplido el anhelo de asistir a la reaparición de la banda derecha de Riazor, aunque sí asistieron a la del incombustible abuelo de la Liga española, seis meses después de su lesión el 10 de febrero-, Juanmi, Acuña y Amavisca. Y sobre el campo, el habitual dibujo táctico, sin sorpresas también en este apartado. Nueva pareja de centrales, con Jorge Andrade -a veces excesivamente contundente, pero siempre rápido y preciso- acompañando a César, y Sergio de escudero de Mauro Silva. Octavo partido de pretemporada sin perder y décimo trofeo doméstico en el palmarés, aunque hubiera que esperar a la prórroga. Treinta minutos extra, excesivo castigo, aunque se trate del decano de los torneos veraniegos. Si el Valencia ofrece en Cádiz los primeros signos de fortaleza, con los mismos protagonistas de la temporada pasada, el Dépor otro tanto de lo mismo, con un par de retoques y menos lucidez que cuarenta y ocho antes, aunque el Cruz Azul tuvo poco que ver con el discreto Nacional de Montevideo de la semifinal. Una buena prueba, la penúltima, antes de recibir al Valencia en Riazor y frente a un rival más rodado y escasamente dadivoso. Mediada la primera parte, Amavisca hace de Valerón y éste de Diego Tristán, pero el delantero andaluz no comparte sus virtudes con el canario. Y como a la peor version de Uralde, a Valerón, se le hizo de noche ante el meta mejicano. De haber encontrado la portería, Makaay no hubiera marcado y habría ahorrado media hora de una puja un tanto insulsa, con unos cuantos destellos de un Djalminha dispuesto a olvidar la acigada campaña anterior. A falta de la puesta definitiva -velocidad, chispa ...-, el Dépor se parece mucho a sí mismo. Buena señal. De esta forma ganó la Liga en el 2000, la Supercopa en el 2001 y la Copa del rey en el 2002. Que siga.