En el entorno de la selección española se detecta ahora un acusado optimismo, no sólo para el partido de mañana contra Sudáfrica, sino de cara a futuras eliminatorias. Las victorias de los dos primeros partidos provocaron esta euforia, o algo que se le parece mucho. Pasar con rapidez de un estado de temor a otro de valentía es muy propio del fútbol. Bueno que suceda así, dicen unos, mientras otros advierten del peligro que encierra caer en un exceso de confianza. «Al adversario es obligado valorarlo antes, para doblegarlo después», repetía Helenio Herrera, quien sabía vender como ningún otro los triunfos que conseguía su equipo, aunque los alcanzase frente a flojos rivales. El cambio hacia ese optimismo español llegó con la celebración de la victoria sobre Paraguay. Creo que la confianza se multiplica al dar anticipadamente por eliminados a ese grupo de equipos favoritos, de todos conocido y que posiblemente no pierdan todavía el tren que les puede llevar a la final.