La lluvia inglesa congeló Riazor

MARILUZ FERREIRO A CORUÑA

DEPORTES

XOSÉ CASTRO

LIGA DE CAMPEONES

03 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Riazor se quedó bastante frío por la lluvia inglesa que sustituyó ayer al chove miudiño. El Manchester United comenzó con un calentamiento masivo: todos sus hombres sobre el terreno de juego y todos los cánticos en las gargantas de la esquina roja del coliseo herculino. Su estribillo fue una canción inspirada en el tema principal de la banda sonora de la película El Golpe. Glasgow era parte de la letra de los aficionados foráneos, no tan foráneos quizás, ya que alguna pancarta mencionaba uno de sus paraísos vacacionales españoles: Benidorm. Los seguidores británicos se dedicaban a la parte sonora de la película y los coruñeses cuidaban la audiovisual: se desplegó la camiseta blanquiazul de talla XXL en el fondo de los Riazor Blues. Incluso se apreció el vistoso detalle desde la esquinita del United destellearon las cámaras para llevarse la imagen a Inglaterra. Y la elástica comenzó a palpitar con la salida de los equipos. Menos mal que antes del pitido inicial los aficionados deportivistas tuvieron la ocasión de cantar un pseudogol. Diego Tristán disparó a la meta de Fabien Barthez cuando se dirigía hacia los vestuarios. El primer tanto del cuadro de Ferguson tiñó de rojo la que ayer fue la red corner, pero con algo de trampa: una bengala ardió durante entre los seguidores. Durante varios minutos lo que se apagó fue el ánimo de la grada blanquiazul, quizás acostumbrada a navegar a favor de la corriente. Enfocó sus iras hacia algunas decisiones arbitrales, los despejes de Barthez, el despiste (no precisamente ofensivo) de Van Nistelrooy, que entró sn permiso en el campo después de ser antendido por un golpe. Y, por supuesto, los córners sacados por Beckham, que cambió los gritos de las adolescentes a la salida del hotel por los silbidos de los mayores. Después, revivieron locales con el electro-shock de las ocasiones de Tristán y Valerón y las del Manchester en la segunda parte. Pero la fría lluvia inglesa ya había helado los corazones coruñeses, a pesar de lo cual realizaron un exhibición de apoyo a sus colores.