El portero que paraba las balas

VÍCTOR LOPEZ VIGO

DEPORTES

Pablo Cavallero fue herido por un disparo hace cuatro años cuando iba en coche con el osasunista Armentano, rival el domingo del guardameta del Celta

08 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Pablo Cavallero, portero del Celta, y Mariano Armentano, delantero de Osasuna, volverán a verse este domingo en Balaídos. Entre bromas y dramatismo ambos recuerdan que la vida les ha unido desde pequeños y que una noche, una bala estuvo a punto de separarles. Su relato a La Voz es digno de cualquier novela del hampa, pero sin ficción. Eso sí, con final feliz. Los dos son argentinos y crecieron en un club de Buenos Aires, Vélez Sarsfield. «A los diez años ya jugábamos juntos. Nos une una gran amistad desde entonces y sólo nos separan tres meses en la edad», comenta el más pequeño, que es Armentano. El 27 de noviembre de 1997 jugaban en Vélez, en la Primera argentina. Aquel día Darío Husain, que ahora está en el Nápoles, les invitó a tomar unas copas en su casa porque celebraba su cumpleaños. Al meta le habían operado hacía un mes del menisco y estaba de baja; el delantero había estrenado coche, un Alfa Romeo 147. A Pablo le encanta conducir, es un «loco de los autos» dice el osasunista. Como llevaba tiempo sin pilotar, Cavallero pidió estrenar el vehículo. Los hechos Poco después de arrancar llegaron a un cruce y un Renault 19 se cruzó ante ellos cortándoles el paso. «Les había visto pasar antes de montarnos, pero no noté nada raro», comenta el guardameta. En el alto del camino en pocos segundos se suceden los acontecimientos. Dos chicos con pistola en mano les apuntan y les gritan: «¡Bajaros, bajaros!». Armentano le espeta a su amigo: «Vámonos, vámonos». «Metí marcha de forma institiva porque no sabía ni cómo iba en ese automóvil», afirma Cavallero. Una marcha atrás rápida combinada con una primera para sortear el coche. «La maniobra fue de Fórmula 1», alaba ahora Armentano. Los asaltantes hacen cinco disparos mientras los jugadores huyen. El delantero se refugia entre las piernas de Cavallero y el meta logra la huida a toda velocidad. En medio de la excitación y con la subida de adrenalina el conductor no nota que una de las balas le ha dado. «Sentí un ardor en el omoplato. Me llevé la mano atrás y la saqué toda ensangrentada», recuerda Pablo. Ahí se produce un cambio de conductor. «No sabíamos dónde estábamos y paramos a un señor para que nos indicase el hospital más cercano. Las piernas me temblaban. Fueron unos minutos horribles», recuerda Mariano. Al llegar al hospital a Cavallero le colocan una sonda. Era uno público, el más cercano al lugar de los hechos. Armentano llama a la familia de Pablo y estos llegan en medio del pánico por la vida de su hijo. La bala había entrado por el omoplato y salido por el pecho. Los médicos abren al portero buscando el proyectil. Pero no estaba dentro. El doctor que atendió el caso aseguró a la prensa que de mil hay uno como el de Cavallero, 900 hubiesen muerto y 99 habrían quedado inválidos. «Si me tengo que quedar sin jugar al fútbol hubiese preferido morirme», sentencia. Entre bromas ambos han recordado después lo que pasó. «No te quejes, te salvé el coche y la vida», ironiza Pablo. Armentano le contesta, «si no llega a ser porque compré una buena máquina no nos libramos». Humor aparte, el delantero reconoce que su amigo le salvó por su sangre fría. «No me hubiese perdonado que le pasase algo. Esa bala tenía que ser para mí, porque yo era el que debía conducir». Cavallero se conmueve aún recordando lo sucedido. «Pasé esa noche llorando». Entre las coincidencias fue un día 27, que es el número de la suerte del padre de Cavallero, con el que siempre juega a la ruleta. Fue el número que luego llevó en su camiseta y un 27 de junio ganó la Copa del Rey con el Espanyol. El suceso acontenció en la festividad de la Virgen de la Milagrosa. La madre de Cavallero, que es una devota de esa Virgen, pidió a sus hijas que se casasen en la iglesia de Buenos Aires consagrada a la Milagrosa. Además, la mujer de Cavallero se llama Milagros. Especulaciones La policía especuló con lo qué pudo pasar. «A la prensa le dijeron que había sido un intento de robo, pero a nosotros nos aseguraron otra cosa. Dijeron que fue un atentado». Los asaltantes utilizaron en su ataque una pistola de calibre 9 milímetros. Esas balas las usa la policía y entran y salen, no como el calibre 27, más utilizado por los delincuentes que una vez que impacta cambia su dirección. Mariano Armentano es hijo del que fue Jefe de Custodia de Carlos Menem, presidente de Argentina.