El último Expreso de Waco

M. FERREIRO A CORUÑA

DEPORTES

JEFF HAYNES

ATLETISMO

16 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Última estación, Yokohama. Allí se paró el Expreso de Waco. Allí se desenchufó el Molinillo de Dallas. Allí disputó su última carrera Michael Johnson, mito viviente del atletismo masculino. Corrió junto a Frankie Fredericks, Terrence Trammell y Shawn Crawford en una prueba de relevos suecos, un 4x200. Y, cómo no, ganó. Hoy cumple 34 años, pero sabe que en cierto modo ya es inmortal. Un patito feo En los Juegos Olímpicos de Atlanta se confirmó la sucesión. Adiós al cisne Carl Lewis, hola al patito feo Michael Johnson. Un Concorde le daba paso a un compacto helicóptero. La elegancia en oposición a un nuevo estilo extraño, pero demoledor: tronco recto, rodillas bajas, como imantadas por la pista, y pasos cortos frenéticos acuchillando el tartán rojo. Efectivamente, parecía un pato. Un pato de cuerda a infinitas revoluciones que logró un doblete inédito en la historia: oro en los 200 y los 400 metros lisos. Medallas a juego con su gran cadena de oro al cuello y sus zapatillas doradas y récord del mundo en el doble hectómetro que se escribió por encima de una marca de Pietro Mennea, que estaba vigente desde hacía 23 años. Y el oro comenzó a sonar también en sus bolsillos: firmó un contrato de más de 2.000 millones de pesetas al año con Nike y se convirtió en un invitado indispensable de las reuniones atléticas con aspiraciones de prestigio. Por fin, la gloria que se le había negado en Barcelona 92, Olimpiada tacaña para Johnson, en la que tuvo que retirarse en semifinales de 200 m. y sólo pudo ganar los relevos de 4x400 con récord del mundo. Johnson se forjó en los infernales entrenamientos en la Universidad de Baylor, en Waco, la Costa de los Mosquitos. Calor, sudor e insectos. Desarrolló hasta límites insospechados su resistencia anaeróbica a las órdenes de su mentor, Clyde Hart. Contra sí mismo En los 400 se habituó a ser un contrarrelojista del atletismo. Él contra sí mismo y sus propios tiempos. Como Miguel Indurain en la crono de Luxemburgo. A MJ le gustaba. «Should be fun», afirmaba. Será divertido. Era divertido cruzar la meta casi andando, mostrando muy de lejos el piso de la suela de las zapatillas a todos los rivales. En los 200 metros surgió un tal Maurice Green para intentar destronar al ídolo texano. Pero los trials -pruebas de selección- estadounidenses clasificatorios para los Juegos Olímpicos de Sidney se interpusieron entre ambos y el triunfo. Los dos se lesionaron antes de finalizar la prueba del doble hectómetro, que se quedaba huérfana. Pero Johnson volvió a lo más alto del podio en 400 y en los relevos de esta distancia. En Edmonton fue el gran ausente. La pista echó de menos que Johnson le pasara la última taladradora.