El Dépor tumba Mestalla

La Voz

DEPORTES

Un gol de Makaay, suficiente para derrotar al Valencia en un partido increíble Tremendo y apasionante. Así fue el triunfo del Deportivo en Mestalla, que sacó un triunfo increíble a base de coraje, lucha y sufrimiento y da un paso adelante para atornillar el segundo puesto de la Liga, aunque deberá esperar a la última jornada para consolidar el subcampeonato. Lo negativo, el precio de un par de lesiones -Manuel Pablo y Donato- en un partido terrorífico. Como una casa, pero de las de veinte habitaciones, piscina con jacuzzi y chófer en la puerta. Gigantesco, así había sido el penalti que Carmona racaneó a Émerson por compasión con Fabio Aurelio.

11 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

No existe otra explicación. Pero el fútbol sorprende a veces con estas dosis de maravillosa justicia. Sólo de esa forma se entiende el regalo de Ayala a Roy Makaay. Idéntico al que ya hizo al Dépor en Mestalla en la pasada campaña. Cuando Cañizares salió a por el balón ya era consciente de que Roy lo había regateado. El holandés es un especialista en esa suerte y el gol era un secreto a voces en cuanto el ariete se quedó solo. Tensión, orden táctico, fuerza, empuje, concentración, calidad..., todo eso y mucho más fue el partidazo que Dépor y Valencia disputaron en Mestalla. Dos equipazos que ofrecieron un espectáculo inolvidable de entrega y empuje, digno de lo que estaba en juego: la Liga de Campeones. Se veía desde el primer minuto que jugadores como Fran y Donato habían mordido el partido desde el inicio y que no estaban dispuestos a soltar la presa. Con Donato sólo pudo la cabeza dura de Angloma tras un encontronazo entre ambos. A Cañizares le estampó una rosca rebosante de elegancia en el larguero y una volea espectacular en la base del poste. Todo en la misma jugada. El remate que tapó a Aimar, providencial. En cuanto a Fran, se fue como quiso de sus marcadores, con un regate fácil que asombró a los aficionados valencianos. Pero el partido discurrió por los senderos del orden táctico. Tristán y Makaay en punta, sí, pero el resto del equipo, con las alegrías justas. El Valencia se cuidó también de pertrecharse adecuadamente, y cimentó su fútbol en la presión constante de su mediocampo. El Dépor, serio y concentrado, sabe salir del agobio: Donato arranca, Baraja choca, el brasileño toca, Mauro aguanta la tarascada de Aimar y cambia de orientación para encontrar a Capdevila. Desde ese equilibrio táctico, los coruñeses encontraron el camino del peligro con la profundidad de Valerón en el pase y la movilidad de dos arietes como Tristán y Makaay.