FÚTBOL
29 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Nunca ha encontrado su sitio. Y vuelve a marcharse. Iván de la Peña explotó ayer y admitió que regresará al Lazio la próxima temporada. Abandona el Barcelona con la impresión de haber sido engañado por Lorenzo Serra Ferrer. «Le dije que si iba a ser un hombre importante venía, pero que si no, no iba a venir», afirmó. Su queja, que no tuvo la oportunidad de triunfar. De la Peña vivió con la presión de saberse una estrella desde siempre. Se cuenta que Míchel, durante un entrenamiento en El Sardinero se fijó en un chaval que disputaba un partido de juveniles y dijo «Cómo la toca el pelo pincho». A los 14 años se mudó a La Masía. Pasó el tiempo y la esperanza del fútbol español se concentraba en dos nombres: Raúl y De la Peña. Todos querían ver en el santanderino al Laudrup autóctono. Visión de juego y la exquisita guinda del último pase para la tarta del gol. Pero el barcelonista cogió la carretera perdida. Le sobraron admiradores en la grada y detractores en el banquillo. Johan Cruyff fue para él el genio de las sonrisas y lágrimas. Al holandés le debe su debut en el primer equipo y también la broma más cruel sobre la habilidad con su izquierda. En la balanza de los técnicos siempre han pesado más los defectos que las virtudes de Lo Pelat. Una constante que se cumplió con Robson y que se agudizó con Van Gaal. El gran Louis afirmó que De la Peña hacía levantar de los asientos al público dos o tres veces en un partido, pero que él se tenía que levantar unas veinte por su culpa. Y se fue al Lazio, que pagó 2.500 millones al Barça. Pero en Italia el único lugar en el que prescinden de obras de arte es el campo de fútbol. Desastre en el club lazial y cesión al Olympic de Marsella. Nuevo fracaso marcado por las lesiones. Regresó al Barça absorbido por el torbellino de la campaña electoral, la marcha de Figo y la lesión de Guardiola. Pobre saldo: ocho partidos, una titularidad y dos patadas en El Sadar. Sólo siguió el rumbo de su compañero en un hecho: dejar Can Barça.