El Dépor huye de la victoria

La Voz

DEPORTES

ENVIADO ESPECIAL, CÉSAR QUIAN

El desorden táctico coruñés fragua un mal partido y un empate ante Osasuna ¿Colíder?, ¿invicto continental? Quizá, pero la imagen del Dépor no corre paralela a los logros deportivos. Un grande debe serlo y parecerlo. Ayer era muy difícil. Los experimentos inéditos de Irureta fueron una losa. Para empezar, los coruñeses volvieron a demostrar que dar primero no es sinónimo de dar dos veces. Scaloni firmó uno de los goles más precoces del fútbol español, después de 18 segundos, un centro de Fernando y un pseudo-remate de Tristán.

18 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

TONI SILVA PAMPLONA. Enviado especial El Dépor partió con la cara de ambición y desparpajo. Emerson se puso estupendo, jugando con la fuerza de Davids y la inteligancia de Zidane. Un paseo vertical del melenudo estuvo muy cerca de suponer el 0-2. El Sadar estaba siendo testigo del Deportivo de Riazor. Cruchaga tocó la moral deportivista con un gol, más dañino por lo poco esperado que por el empate en sí. El Osasuna apretó entonces las clavijas de Mauro y Emerson, y la banda izquierda fue la válvula de escape del juego gallego. Valerón poco pintaba como enlace, situándose muchas veces a la altura del centro del campo, aislando a Tristán del resto del mundo. Tan solitario estaba el sevillano que hasta probó con asistir al árbitro en una de sus jugadas. Los autopases barrocos del delantero no sirven para mucho lejos de casa. Era la imagen de un equipo grande, pero temeroso, tan técnico como miedica. El balón era del Osasuna y las ocasiones también. Armentano y Alfonso se erigieron los nombres propios de los locales que más inquietaban. En el segundo acto los 22 jugadores se olvidaron de la pizarra. A la mínima oportunidad, cada uno hacía la guerra por su cuenta. Capdevila abandonó la defensa para hacer su aportación ofensiva del día. Emerson y Valerón probaban desde fuera. Nada. El Dépor comía terreno poco a poco. Pero cuando lo perdía podía ocurrir lo peor, como probó el balón a la cruceta de Sabino o el remate de Álex Fernández. Lotina pensó que pocas veces tendría un Dépor tan endeble en sus manos, y echó el resto con Trzeciak y el centrocampista Palacios. El carrusel de cambios de Irureta fue menos entendible. Valerón se retiró para dar entrada a Víctor, mientras Scaloni seguía como interior diestro. En Villarreal tampoco había funcionado la ubicación de Víctor. A falta de treinta segundos, Makaay entró en escena. El holandés no está para parchear el equipo a última hora. Es evidente que debió entrar mucho antes. Algunos dirán que, incluso, a las ocho y media de la tarde.