Patrick Kluivert se erige en el hombre gol de la selección de Rijkaard y se convierte en el delantero de la Eurocopa Yugoslavia sufrió tres zarpazos en cuartos. Kluivert, el depredador, surgió para dejar claro que Holanda no sólo era un jardín de tulipanes y toque y para demostrar que la belleza no está reñida con la fiera. Sus saltos y peleas por el balón están avaladas por su 1.89 y su complexión física impresionante.
26 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Pero la escuela de Cruyff ha domado su fuerza con técnica. Asistencias y tantos con un magnífico primer toque y peligro por alto y a ras de césped. En una selección y un club plagados de estrellas ha aprendido además a nublar su estrellato para sacrificarse por el equipo. Sus cinco goles en la Eurocopa lo convierten en el aceite de la nueva Naranja mecánica. Aquella final ante el Milán Patrick Stephan Kluivert nació para el fútbol el 24 de mayo de 1995 en Viena. Vino al mundo del balompié con un gol bajo el brazo y con mucho descaro en sus botas. Dos colosos continentales, Milán y Ajax jugaban la final de la Liga de Campeones. Van Gaal sustituyó a Litmanen por un delantero larguirucho de 17 años. Catorce minutos después el ariete marcaba para otorgarle al Ajax su cuarta Copa de Europa. La factoría que produjo a Cruyff, Van Basten, Gullit y Rijkaard aportaba al fútbol un nuevo artículo de lujo. Kluivert comenzaba una temprana carrera de títulos con la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental al año siguiente. Se convirtió en titular de la selección holandesa, con la que debutó con 18 años ante la República Checa. Ya sabe lo que es marcarle un gol a Argentina en un Mundial y eliminarla en cuartos de final. Los transalpinos quisieron seguir la tradición de holandeses que hicieron grande al Milán y Fabio Capello importó a su joven verdugo para relegarlo al banquillo. Irónicamente, su aventura italiana se convirtió en una especie de castigo no planeado por haberles arrebatado el trono europeo. No se adaptó y le llovieron las críticas. Lo rescató su mentor, Van Gaal, en su afán por clonar al conjunto de Amsterdam en el Camp Nou. Gaspart se fue a Milán y en una operación de urgencia lo vistió de blaugrana por 2.800 millones de pesetas. El entonces entrenador barcelonista confesaba que tenía a «su delantero ideal». Con mucho carácter Kluivert se ha distinguido por desmarcarse de la apatía generalizada que ha caracterizado en muchas ocasiones a la corte holandesa del rey Louis. Su carácter le costó cinco partidos de suspensión en la Liga española por su famosa agresión televisada al rayista Cota. Arreciaron las críticas al técnico que distingue a los periodistas por grupo sanguíneo (positivo o negativo). Y salpicaron a todos sus discípulos compatriotas, entre ellos a Kluivert. A principios de temporada las mareantes cifras de fichajes y el renombre de otros jugadores parecían hacer olvidar a la pantera. «No le tengo miedo a Anelka», afirmaba desafiante el holandés. La Liga le ha dado la razón. De momento, la Eurocopa también. Quizás puedan verse en una final Francia-Holanda con los galos intentando enjaular a la pantera mientras enseña sus garras a Barthez.