Alemania quedaría eliminada si los de Keegan logran un punto ante Rumania Alan Shearer insufló anoche en Charleroi esperanza a Inglaterra con el gol que supuso la victoria sobre Alemania en un decepcionante clásico europeo. Con el único remate a puerta de la segunda parte y tercero del partido los ingleses obtuvieron un triunfo engañoso sobre el vigente campeón, que jugó mejor pero adoleció de falta de puntería.
17 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Patadón y tentetieso. Desprecio al balón. Juego por las nubes. Mucha cabeza y poco coco. La propuesta de Inglaterra y Alemania fue desalentadora. No es de extrañar la eclosión del fútbol latino. Francia, Italia y Portugal están ya clasificadas en dos tandas con la compañía del co-anfitrión Holanda. Falta España para confirmar la supremacía sureña. Es un deber geopolítico. En Charleroi hubo que esperar 18 minutos para contemplar el primer remate a puerta. Fue obra de Hamann para Alemania, que mandó en la primera media hora. Otros dos remates sin colocar de Scholl y de Ziegle, flojo con la derecha -la pierna para subir al autobús-, completaron la escasa demostración ofensiva. Pero al menos los vigentes campeones europeos trataban de combinar en el centro del campo. Inglaterra tardó 34 minutos en ajustar el punto de mira. Un soberbio cabezazo de Michael Owen obligó a Oliver Kahn a estirarse para detener la pelota sobre la raya con ayuda del palo. Como es de rigor en los británicos, el peligro llegó en un centro lateral templado ejecutado desde la izquiera por Philip Neville. Desde la otra banda, David Beckham, el centrador profesional, puso al filo del descanso una bola que Scholes empalmó a bote pronto contra el pecho de Kahn. Por primera vez los dos jugadores de calidad de la medular consiguieron conectar. El manual de Keegan precisamente tiene su principal capítulo consagrado a las jugadas a balón parado, con Beckham de magistral ejecutor. El recurso anglosajón, fue aplicado con eficacia total a los 52 minutos. El cabezazo a la red de Shearer certificó la eficacia del argumento. Los pupilos de «sir Erich Ribbeck» pudieron igualar en un par de buenas oportunidades. Primero Scholl, ya con calambres poco antes de ser sustituido, cruzó en exceso un buen pase perpendicular de Matthaus. Luego Jancker lanzó fuera con toda la puerta a su merced tras repeler Kahn un remate a bocajarro de Kirsten. Los ayer verdes insistieron con fe. Pero echaron en falta el realismo anotador de Oliver Bierhoff. A lo mejor en el siglo XXI hay que modificar la definición del fútbol: un juego de once contra once en el que al final siempre gana Alemania.