Zahovic y diez más

LUIS ARNAIZ Enviado especial TEGELEN

DEPORTES

La figura eslovena, principal argumento del rival de España «Cuando juega, siempre podemos ganar», dice su entrenador Vujadín Boskov había dicho que en Eslovenia «se jugaba al baloncesto y se montaba en bicicleta, se practicaba el atletismo y la natación, pero no se jugaba al fútbol». En apenas tres cuartos de hora los eslovenos obligaron al seleccionador serbio a tragarse esas palabras y a sufrir la humillación de tener que remontar una dramática desventaja.

15 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Hubo milagro, pero también un soberano y mayúsculo susto. Cuando los yugoslavos aún no se habían dado cuenta de dónde estaban ni de lo que estaba ocurriendo con ellos, Zlatko Zahovic y los suyos ya les habían marcado 3 goles. Sólo un milagro comprensible en la rabia e indudable superioridad técnica del equipo de Boskov impidió que se consumara la gran catástrofe. Ese 3-3 figura, por tanto y por méritos propios entre los partidos más apasionantes hasta ahora de la Eurocopa. Fue puro espectáculo más allá de ciertas consideraciones tácticas que los más puristas discuten. Ante Noruega perdió Eslovenia logró su clasificación como segundo en el mismo grupo que Noruega, la cual le ganó los dos encuentros de dicha fase, el de Oslo por un contundente 4-0. A pesar de ello consiguió dos puntos más que Grecia. La mayoría de sus jugadores actúan fuera del país, pero entre todos ellos sólo Zlatko Zahovic ha adquirido fama internacional, 45 veces internacional y autor de 23 tantos es la máxima figura del equipo y del Olympiakos del Pireo en el que juega. Katanec, devoto partidario de su pupilo, afirma que «cuando Zlatko juega, siempre podemos ganar». A Zahovic le marca no sólo su excelente fútbol y su llegada -es un media punta con aparición en el área y remate- sino su carácter rebelde. Su seleccionador afirma que «es peligroso porque es impredecible», pero acepta que «hay que tratarle con un guante de seda. Zlatko es muy diferente al resto de los jugadores». La temporada pasada el Oporto se lo quitó de encima, precisamente por su carácter irritable, sus enfrentamientos con los técnicos y sus ansias de manejarlo todo. El Olympiakos pagó 2.500 millones por su traspaso, el precio más alto abonado jamás por un jugador esloveno. En Grecia Zlatko cobra ahora 250 millones al año.