Los cien años de Rafael Azcona, el gran escritor que vivió del cine

doménico chiappe MADRID / COLPISA

CULTURA

García Berlanga y Rafael Azcona
García Berlanga y Rafael Azcona José García Poveda | Europa Press

En el centenario de su nacimiento, sus novelas tendrán un segundo aliento para el público

04 ene 2026 . Actualizado a las 17:31 h.

El nombre de Rafael Azcona está en los créditos de varias de las grandes películas españolas desde los años ochenta hasta el 2008. Detrás de la cámara, a veces iba por el plató, pero sobre todo se centraba en transformar las ideas desde las mesas de los cafés. «Recuerdo que un día Rafael vino al rodaje, yo fui muy educadamente a decirle que le pedía perdón por haber cambiado muchas cosas de la película», rememora el actor y productor Juan Echanove en una charla en Madrid. «Y él me dijo: "No te preocupes, porque yo tengo una carpeta en el ordenador con tu nombre donde guardo todo lo que quitas. A los actores os da igual el trabajo que hemos hecho los guionistas, a lo mejor durante una madrugada. No importa, pues si no lo queréis para esta, ya os lo comeréis en la siguiente". Era un gran escritor, un gran cineasta y un gran amante de la vida, con un enorme sentido del humor. Era un pícaro».

Nacido en Logroño en 1926, este año se celebra el centenario de Rafael Azcona, un escritor cuya obra literaria quedó empañada por la fuerza de las películas que ayudaba a crear, con gran éxito. Trabajó con Fernando Fernán Gómez en El Anacoreta (1976); José Luis Cuerda en La lengua de las mariposas (1999); Luis García Berlanga en El verdugo (1963); Carlos Saura en Peppermint frappé (1967), y Fernando Trueba en La niña de tus ojos (1998) y Belle époque (1992). También fue un genial adaptador de los libros de otros y vio cómo sus propias obras saltaban a la gran pantalla. Por ejemplo, El pisito, una novela que escribió en 1953 y que fue adaptada tres años después.

En este aniversario redondo del nacimiento de Azcona, que vino al mundo un mes de octubre y murió de cáncer de pulmón en el 2008, sus novelas tendrán un segundo aliento para el público. Porque en estos textos dejó su verdadero ser literario, ajeno a las exigencias de la industria cinematográfica, a las duplas con directores y otros autores o a las ocurrencias actorales, contaba con exactitud lo que quería, salvo cuando la censura de la dictadura se cebaba en sus párrafos.

Reescribió su obra

Aquello le dejó un sabor amargo, tanto que cuando tuvo oportunidad de reeditar aquellas obras puso como condición que se le permitiera reescribirlas. «Cuando le propuse a Rafael reeditar Memorias de un señor bajito, me contestó: "Solo te voy a pedir una cosa: que me permitas revisarla, que creo que algo he aprendido en todos estos años". Y la reescribió de arriba a abajo», recuerda Julián Lacalle, editor de Pepitas de Calabaza. Lo mismo había sucedido en 1999, cuando Alfaguara sacó algunos de sus textos. «Cuando le propusieron volver a sacar sus novelas escritas entre 1955 y 1960, puso una condición, que le dejaran reescribirlas, algo que no tenía precedente en la literatura española», mantiene Bernardo Sánchez, que firma el ensayo Todo Azcona. «Él era primero un lector, luego narrador y escritor y, por último, un guionista».

Para conmemorar los cien años de Azcona, Lacalle publica su Obra literaria completa, un estuche con los ocho libros que él mismo consideraba su trabajo mayúsculo, y que desarrolló en unos pocos años. «La popularidad de Azcona como escritor fue menguando con respecto a su faceta como guionista. Al tiempo, su propia existencia se puso en duda para dar paso a la leyenda de que, tras el nombre de Rafael Azcona, se escondía algún célebre director de cine».