Fernando Buide: «En mi música busco que, sin renunciar a la complejidad, el primer impacto sonoro sea simple y directo»

Hugo Álvarez Domínguez

CULTURA

Buide, retratado en el Palacio de Ópera de A Coruña, donde estrena su cantata «Cántico».
Buide, retratado en el Palacio de Ópera de A Coruña, donde estrena su cantata «Cántico». César Quian

La OSG estrena este viernes «Cántico», una obra del músico compostelano para soprano, coro y gran orquesta

27 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En plena efervescencia creativa, Fernando Buide (Santiago de Compostela, 1980), uno de los compositores gallegos más prolíficos de la actualidad por su producción y su proyección internacional, estrena ahora Cántico, una obra para soprano, coro y gran orquesta. Se trata de un encargo de la Sinfónica de Galicia y el Xacobeo. Sin dejar de lado su faceta sinfónica, en los últimos años, Buide ha profundizado en el repertorio operístico, estrenando A amnesia de Clío (2019) y A sombra de Cristal (2021), con notable éxito de crítica y público. Cántico será una nueva oportunidad para indagar en el trabajo de un autor que se maneja con soltura en el gran formato, demostrando especial cuidado e interés por el canto. El estreno de Cántico será este viernes a las 20.00 horas en el Palacio de la Ópera de A Coruña. Junto a la OSG estarán la soprano canaria Raquel Lojendio (colaboradora habitual de Fernando Buide en los últimos tiempos) y el coro de la OSG, todos bajo la dirección de José Trigueros, en un programa que se completa en la primera parte con música de Olivier Messiaen (Les offrandes oubliées) y Benjamin Britten (Les illuminations).

—¿Cómo nace «Cántico»?

—Es un encargo de la Sinfónica de Galicia y el Xacobeo. Desde la orquesta me hicieron varias propuestas de colaboración y llegamos al acuerdo de apostar por una cantata, una obra sinfónico-coral con soprano solista. Para armar la obra, puse en diálogo textos de dos autores a priori diferentes, el gallego José Ángel Valente y el nicaragüense Ernesto Cardenal, de los que seleccioné fragmentos de varios poemas. De alguna manera, ambos tienen interés por la poesía mística.

—¿Por qué esta apuesta por Valente y Cardenal?

—La obra de José Ángel Valente la conocía, y a Ernesto Cardenal me lo descubrió un amigo. Tuvo mucho que ver el momento personal que estaba viviendo: coincidió con el fallecimiento de mi madre, a quien dedico la obra. Son dos autores que se complementan bien porque hablan de ideas semejantes, como la búsqueda de lo absoluto, pero desde perspectivas radicalmente diferentes.

—Su música no renuncia a la estética contemporánea, pero también busca resultar accesible al público de hoy. ¿Cómo definiría su estilo?

—Es complejo definir el estilo propio. En Cántico, como en mis óperas, mi ideal era que el texto y su comprensibilidad fueran lo principal. Más allá de la emoción a la que pueda dar lugar la música, el texto debe comprenderse. En mi música busco que, sin renunciar a la complejidad, el primer impacto sonoro sea simple y directo: me interesa que mi música conserve esa simplicidad aparente, aunque luego tenga muchas capas.

—En su producción tienen mucha importancia la voz y el canto. ¿Cómo entiende estos dos elementos y qué significan para usted?

—La voz es el instrumento más maravilloso que existe y conecta con nuestras pulsiones más íntimas. De alguna manera, nacemos a la vida cantando: es casi lo primero que hacemos. La voz es el instrumento más íntimo y personal que hay, y escribir para voz es el mayor desafío que existe. Aquí nace una paradoja: la voz es el instrumento más perfecto, pero también el instrumento con más limitaciones y, por tanto, con más condicionantes técnicos a la hora de escribir. No hay que olvidar que el canto posibilita la palabra, y la palabra implica un nivel más alto de significado a la música; a su vez, la música también aporta un nivel más alto de significado a la palabra. Eso me interesa.

—Repite usted colaboración con la soprano Raquel Lojendio. ¿Qué supone escribir para ella?

—Lo ideal para un compositor es que, cuando escriba para voz, lo haga para un cantante concreto. De Lojendio he aprendido muchísimo y me ha ayudado a madurar como compositor en estos años. Cántico es nuestra tercera colaboración [en el año 2019, Raquel Lojendio estrenó la ópera de Buide A amnesia de Clío en Santiago de Compostela, y en el 2021 grabó su obra Pasaxes, en ambas ocasiones con la Real Filharmonía de Galicia]. Su voz ha evolucionado desde el primer proyecto que hicimos juntos, y trabajar de cerca con una cantante como ella es un regalo.

«Espero que esta cantata pueda estar en los atriles de otras orquestas muy pronto»

Además de con Raquel Lojendio, Fernando Buide también trabaja de nuevo con la OSG y su coro.

—Desde el primer ensayo del coro percibí una energía maravillosa: hay muchas ganas de hacer música. Ahora mismo tienen un sonido muy limpio y muy bello, y así se lo dije a su director, Javier Fajardo. De la Sinfónica de Galicia... ¿qué decir? Crecí escuchándola, fui miembro de la Orquesta Joven allá por 1998 (fue una experiencia importante) y tengo la suerte de haber trabajado mucho con la OSG como compositor, incluso como organista en algunos programas. Cántico será la tercera obra que me estrene. Además, la OSG ha programado mucho de mi repertorio y me siento muy cómodo trabajando con ella.

—¿Cambiaría «Cántico» con otros conjuntos?

—Cada vez hay más orquestas de buen nivel internacional y las diferencias quizá no son tan acusadas como en el pasado. Con todo, cada orquesta tiene su color, e incluso el propio lugar donde se interprete una obra va a condicionar de forma decisiva su sonido.

—¿Qué vida augura a «Cántico»?

—Es complicado responder a algo así ante una obra de esta envergadura. Nunca es sencillo programar una cantata de estas dimensiones por la plantilla que requiere, pero espero que Cántico pueda estar en los atriles de otras orquestas muy pronto.

—¿Qué le depara el futuro?

—Estoy empezando a pergeñar mi tercera ópera, que quizá se base en una historia doméstica; pero poco más puedo adelantar al respecto por el momento.