El festival de cine de Róterdam vindica la España vaciada, y a sus mujeres, como hijas del fuego

José Luis Losa

CULTURA

Fotograma de «Destello bravío», el debut en la gran pantalla de la directora Ainhoa Rodríguez
Fotograma de «Destello bravío», el debut en la gran pantalla de la directora Ainhoa Rodríguez

La ópera prima de la realizadora Ainhoa Rodríguez, entre el documental y el surrealismo

06 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Nunca pensé que sería razonable extrañar ese clima caribeño de Róterdam en enero, con los despiadados remolinos de viento del Mar del Norte y la lluvia más displicente que te haya caído nunca encima. Esta edición del festival de cine es no presencial. El primer gran certamen de la temporada que has de virtualizar viendo las películas desde el sofá de casa. Extrañar esta ciudad en enero debe de ser lo más parecido a un síndrome de Estocolmo laboral. Para eso hemos quedado.

Ignoro cómo este formato achicado ha influido en la programación, en películas que no hayan querido presentarse en estas circunstancias. Intuyo que este tributo lo pagará más la Berlinale, que también se celebrará en la distancia, dentro de cuatro semanas. El tipo de cine que acude a Róterdam es ya, por naturaleza, flor del desierto. Y le va bien encontrar esta ventana porque es material tan alternativo, en los lindes de la marginalidad del mercado o directamente ajeno a él, que nada tiene que perder.

Es marginal e irredenta Destello bravío, la opera prima de Ainhoa Rodríguez que compite en la sección oficial del Tigre. Aunque de ser un animal, la película de esta debutante sería más una pantera rosa de las estribaciones de Sierra Morena. Porque las mujeres que muestra su ser y no ser en Puebla de la Reina, un pueblo de 800 habitantes de la extremeña Tierra de Barros, viven en un extrañamiento que arranca en el naturalismo casi documental y va derivando hacia lo nítidamente surrealista. Como panteras rosas en Badajoz. Ainhoa Rodríguez avisa de que lo que vamos a ver no es Crónicas de un pueblo cuando, en uno de los cuadros de grupo de sus actrices no profesionales, de esa estampa coral de mujeres vestidas con elegancia de un Versalles de la dehesa, una de ellas advierte del eco de un disparo que solamente ella ha escuchado.