Otra forma de mirar, de narrar

«Estaba en casa, pero...» se centra en una madre agobiada, viuda reciente y con dos hijos


Si en la que llaman gastronomía molecular una simple tortilla de patatas puede deconstruirse, a sabiendas de que con ello pagarás cinco veces más en el restaurante, en esto del cine hay otras formas de narrar y de mirar que van más allá de la genial transparencia de un John Ford o un Jean Renoir, que poco o nada platicaban de teoría, pero nos dejaron películas deliciosas. La ya curtida guionista y directora alemana Angela Schanelec (1962) mira más hacia Bresson, por ejemplo, en las antípodas de la narrativa convencional, porque el cine, además de contar historias, permite hacerlo desde miradas dispares.

Estaba en casa, pero… se centra en una madre agobiada, viuda reciente y con dos hijos. El mayor, Phillip, en la preadolescencia y llevando fatal la ausencia del padre, provoca así problemas añadidos en casa y en su colegio, pero también a su propia situación emocional. Una representación escolar de Hamlet -insertada con alternancia en la trama- hace de muleta para redondear el simbolismo que impregna el filme.

Si la médula de la cinta gira sobre el dolor de la pérdida, la soledad, la mentira y la verdad en su recreación actoral, en lo formal Schanelec reluce bressoniana, con una llamada a la contemplación, a una fuerte carga espiritual para la que recurre al uso de grandes planos secuencia y que requiere la complicidad del espectador. En particular, en las de apertura y cierre se vislumbra la influencia del autor de Pickpocket. Su mirada se aleja del estándar, y procura dejar espacio al espectador para que digiera la alegoría con la complicidad de una espléndida fotografía del joven serbio Ivan Markovic (1989).

Esa luz del Berlín otoñal contribuye a la desazón junto al sonido, incluido el silencio. Pero al tiempo tampoco renuncia a sutiles notas de humor rayano en el surrealismo. Magnífica la larga secuencia en donde la protagonista (la madre) camina dialogando con el autor de una película que acaba de ver, en una sustanciosa disquisición sobre lo cierto y lo falso, la verdad del que sufre y la mentira de quien lo representa, los actores. Una apuesta la de Schanelec tan arriesgada como brillante y que busca espolear al espectador.

«ICH WAR ZUHAUSE, ABER»

Alemania, Serbia. 2019.

Directora: Angela Schanelec.

Intérpretes: Maren Eggert, Jakob Lassalle, Clara Möller, Franz Rogowski, Lilith Stangenberg, Alan Williams, Jirka Zett, Dane Komljen.

Drama.

105 minutos.

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