«In the Tall Grass», un buen Stephen King, abre una cita con sello Netflix

Dirigida por Vincenzo Natali, la película se podrá ver desde hoy en la plataforma televisiva


SITGES / E. La Voz

A Stephen King le han correspondido las más variadas suertes en la interminable lista de adaptaciones de sus textos al cine y la televisión. Comenzó por ver cómo se los rifaba la premier league del cine norteamericano de los 70 y 80 (Kubrick, De Palma, Carpenter) para ir viniendo a menos el currículo de los traductores a imágenes. Y acabar, en muchos casos, en subproductos para la televisión antes de que esta evolucionase hasta su actual edad de oro.

Este 52.º festival de Sitges se inauguró ayer con una de las más solventes conversiones del universo del escritor de Maine, In the Tall Grass. Será una de las contadas ocasiones para acceder a este macrocosmos de terror vegetal y mares de hierba en formato de gran pantalla porque el filme es una producción de Netflix. En este sentido, en la línea de lo dicho por el director del certamen, Ángel Sala, Sitges está por la flexibilidad ante los nuevos tiempos y formas de consumo -modelo Venecia- y no por la batalla ideológica de Cannes. No en vano, alguno de los más esperados títulos de la cita -como el estiramiento en cine de algunos de los personajes de Breaking Bad- y varios del concurso llevan sello Netflix.

In the Tall Grass -desde esta noche en sus hogares- es la adaptación de la novela escrita a cuatro manos por Stephen King y su hijo Joe Hill en el 2012. Es probablemente la mejor de las del género terrorífico de las llevadas al cine, al menos desde el Cementerio de animales de Mary Lambert y el Misery de Rob Reiner, aún reciente el batacazo de It. Capítulo 2.

Se interna la película en un laberinto vegetal que no es el de Los niños del maíz -una de mis favoritas entre las producciones serie B sobre el escritor- y que parece remitir (sobre todo en su primera parte) a las atmósferas perturbadoras del M. Night Shyamalan de El incidente. Ese espacio verde cobra vida propia, se adueña de los cuerpos y de las almas, de las leyes de la relatividad del tiempo. Y engulle a sus víctimas hacia su epicentro, una roca bien asentada por Vincenzo Natali sobre las raíces del miedo. Desde su eclosión como cineasta de culto con Cube, y la posterior y minusvalorada Cypher, apenas había noticias de Natali. Y aquí resurge, en la cinta In the Tall Grass, que es cine pero se consumirá en los domésticos sofás.

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