«La gran enfermedad del amor» es un filme que no sigue estrictamente los cánones establecidos en su género, una película «indie» con aire de tragicomedia y un discurso propio
22 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.La gran enfermedad del amor. Como título, y sabiendo que pertenece al género de la comedia romántica, no es extraño que pueda originar una inicial reticencia hacia la película que se haya tras él. Y, sin embargo, lo que descubrimos es un filme que no sigue estrictamente los cánones establecidos en su género, una película indie (en algún momento habrá que redefinir este término, pero por lo pronto nos vale) con aire de tragicomedia y un discurso propio.
Lo que se nos cuenta es la historia de amor -imprevista, no buscada, pero imparable en sí- entre un cómico y conductor de Uber de origen pakistaní con familia estrictamente musulmana, y una joven americana, blanca y divorciada. Su guion dista de la simple fórmula «chico a conoce chica, etcétera, etcétera» (con choque cultural de por medio), aunque solo sea por el mero hecho de que la chica se pasará parte de la película en coma tras la ruptura inicial de ambos, cediendo el protagonismo a la relación del chico con los padres de ella y a la progresiva toma de conciencia del enamoramiento con todas sus consecuencias por parte de él. Es decir, la subversión de la estructura y puntos de inflexión de trama habituales.
Los ecos a Woody Allen son innegables, empezando por los intelectuales padres de ella -Holly Hunter y Ray Romano- que no desentonarían en alguna de sus películas, o el hecho de un guionista que hace comedia con sus orígenes religioso-culturales (aquí el propio Kumail Nanjiani, coautor del guion autobiográfico junto a su pareja). A ello añadimos unas pinceladas ácidas, el respaldo de Judd Apatow o la atípica pareja protagonista, y ya contamos con un filme entretenido, agradable, con personajes que caen bien y con los que se puede empatizar, y un guion con capacidad de aunar comedia y drama con soltura y buen hacer.