En defensa del extranjerismo

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado ESCRITOR Y PERIODISTA

CULTURA

EDGARDO CAROSÍA

Al propio concepto le pasa como al de raza: presupone, erróneamente, que existe la pureza

28 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Existen realmente los extranjerismos en un idioma? Nos irritan spoiler, timing o start-up porque son de uso reciente, y porque todavía conservan su grafía original intacta. En cambio, coche, tomate o novela entraron hace ya tanto tiempo en el castellano que a nadie le parecen palabras extranjeras. Podríamos ir más lejos, y considerar que podríamos, lejos y considerar son también términos deformados de otra lengua, el latín. Al concepto de extranjerismo le pasa como al de raza: presupone, erróneamente, que existe la pureza.

Y, sin embargo, en algunos países surge de vez en cuando la preocupación por limpiar la lengua de términos foráneos. Mussolini legisló contra los extranjerismos, y lo mismo Franco. Pero la manía no es exclusiva del totalitarismo ni del pasado. Polonia, Irán, Francia o Canadá tienen ahora mismo leyes al respecto; todas con un punto en común: son igual de ineficaces.

Tampoco funcionará la reciente campaña de la Real Academia Española (RAE), en la que se ridiculiza el uso de términos extranjeros en la publicidad.