Entre las novedades editoriales sobre la Segunda Guerra Mundial aparecidas en el 2014 -asunto este año desplazado por el centenario de la Gran Guerra- descuella de forma especial una novelita: El deber (1943), del escritor checo nacido austríaco Ludwig Winder (Schaffa, 1889-Baldock, Gran Bretaña, 1946) y recuperada felizmente por el sello cacereño Periférica. Winder, periodista de raíces judías y colega de Max Brod -gran defensor de esta obra-, vivía en Praga cuando se produjo la invasión alemana en marzo de 1939, pero unos meses después huyó hacia Inglaterra atravesando Polonia. En su novela refleja precisamente esta época de la ocupación, en la que sitúa a Josef Rada, un gris funcionario estricto cumplidor de sus obligaciones, de las que no hace dejación incluso cuando el Tercer Reich toma las riendas del país: trabajador en los ferrocarriles, no duda en facilitar la eficacia en los viajes y traslados por tren tan importantes para la logística nazi. Abnegado padre de familia, un acontecimiento crucial hará tambalear su sentido de la responsabilidad laboral y de la obediencia que lo llevaban a mirar para otro lado ante los terribles acontecimientos que arrasaban la vida en Praga. La valentía de su hijo, que desaparece tras una protesta estudiantil, destapará al héroe que anidaba callado en Rada. Pese a su medida austeridad, una emocionante y necesaria novela.